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Adans Péres no habla de su no relación con Ana Obregón

Dice que es un caballero y como tal no habla de su vida privada. El ex de Estefanía de Mónaco ni confirma ni desmiente su relación con Ana Obregón. Todo en un reportaje donde la foto del interior no tiene desperdicio.
La no noticia de la semana es la no relación entre Adans Péres (el trapecista ex novio de Estefanía de Mónaco) y Ana Obregón. En el Qué Me Dices se hacen eco de la no noticia con una entrevista de Isabel Pisano en la que ella dice mucho más que Adans. En el reportaje afirman que también podría tener una no relación Beatriz Trapote, con la que coincidió pero muy de refilón (como prueba aportan una foto en la que cada uno está en una esquina, rodeados con de 20 personas, en el cumpleaños de Parada). Vamos, que Adans no tiene un romance con nadie, pero la prensa se empeña en decir que está con dos a la vez.
Adans, como ya sabemos y él se encarga en recalcar en esta revista es de esos hombres que repiten mucho lo de que ellos son unos señores y que no hablan de sus relaciones con las mujeres. Hombres que salen a la palestra precisamente por esos noviazgos porque si no a ver quién saca en portada a un trapecista, con todos mis respetos por el mundo del Circo, que es muy digno, hombre. La entrevista no tiene desperdicio. Empieza con una pregunta directa, le dicen que se le ha visto cenar y desayunar con Obregón en un hotel. Él, ambiguo no responde lo que diría un señor, sino que sí que hicieron esas dos comidas juntos. A ver: analicemos. Si él, como un señor, quiere que no se piense que copularon, lo lógico es que responda que ambos cenaron y desayunaron en compañía mutua pero que no pasaron la noche juntos, digo yo. Con esa media respuesta da a entender que sí estuvieron juntos toda la noche.
Claro que si observamos la foto que acompaña al reportaje, es una metáfora de sus respuestas. Él, con el pecho descubierto, leyendo el Le Monde (como un señor) pero con dos complementos que un caballero jamás tendría: una manta de leopardo que ni siquiera tiene digamos que el toque moderno o bizarro del punk, un horror estético, vaya, y una boa de plumas rosa en el cabecero que da una terrible impresión y hace pensar en dos opciones, a cual peor: o acaba de abandonar la cama una cabaretera que se ha olvidado el complemento o el propio Adans se la pone para estar en la cama y suponemos que no dormir. Pobre Ana.