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Cómo la Duquesa rejuveneció a Alfonso

Llega la boda más esperada. Alfonso y la Duquesa se dan al fin el 'sí, quiero' en Dueñas. Mucho se ha hablado de lo que ha aportado el funcionario a Cayetana pero poco se ha dicho de lo que ha hecho la Duquesa por él. ¡Sorpréndete!
La Duquesa tiene color. La Duquesa está contenta. Mucho se ha hablado del chute de alegría de vivir que Cayetana de Alba ha recibido gracias a Alfonso, su futuro marido, y parece bien palpable a juzgar por la sonrisa que luce desde que repartió la herencia, pero si se bucea en la biografía de su consorte, sorprende descubrir que la parte del binomio que más está 'disfrutoneando' es otra. Díez ha pasado de su Palencia natal a Ibiza, de los muebles de clase media a las sillas Luis XV y de revisar antiguas películas de Ava Gardner los viernes a escaparse los findes a corridas de toros, fiestas ‘jet set’ e inauguraciones vip.
Alfonso Díez Carabantes se levanta todos los días a las 6.30 de la mañana. Una hora después, afeitado, enfila la valla de la calle Padre Damián, ya conocida en televisión, que rodea las instalaciones de la Seguridad Social donde trabaja. Allí ocupa su puesto de jefe de negociado adscrito al área de formación y acción social de la Subdirección General de Recursos Humanos y Materiales (nivel 18), y "trabaja muchísimo", según su chica, sólo interrumpiéndose para el café de media mañana en compañía de algún compañero.
Su rutina laboral es la única de sus costumbres que sigue intacta. Y por el momento, porque después de la boda (cobrará de por vida 2.000 euros como consorte, algo más que en su trabajo como funcionario) planea pedirse una excedencia para seguir el ritmo a su esposa y quizás escribir un libro sobre cómo le ha cambiado la vida. Actividades ambas mucho más vivarachas que su ‘modus operandi’ anterior, poco dado a los excesos sociales: lectura de libros históricos, cine clásico, visitas al anticuario de su hermano Pedro y, como extra, alguna cena de viejos amigos.
Una vida media con gustos serenos, rectos, casi aristocráticos, que contrasta con los de su chica, una aristócrata con apetencias (¿voracidad?) mundanas. Él le ha dado la compañía cálida que se anhela a los 86, ella la chispa picarona que un hombre contenido y educadísimo de 61 corre el peligro de olvidar. Él no se quita la chaqueta del traje, ella tampoco su flor de colores en el pelo.
Completan el romance los fines de semana en el nidito de Dueñas, viajes a Ibiza, Sicilia y Jordania, toros en la Maestranza lidiados por el entrañable ex yerno Francisco Rivera e inauguraciones de actos de toda índole. Incluso han quedado a charlar con el Rey. La agenda de Alfonso nunca jamás estuvo tan apretada.
“Es la pera!”, exclamaba recientemente un Díez exultante sobre su futura mujer en ‘El Mundo’. "Es increíble. Es humana, sensible... tiene una gran energía y es muy cariñosa", añadía el funcionario para rematar en alto y ya sin ningún pudor: "Me emociona cuando me dice que me quiere".
Ella tampoco se queda corta al definirle. Aunque no se parezca al Brad Pitt de sus sueños, su actor favorito: Alfonso "es sincero, leal, romántico, gracioso, inteligente... Lo pasamos muy bien juntos; es un compañero excepcional y, además, tiene muy buena pinta". Y lo que es más importante, al menos para sus hijos, ha renunciado a todo "porque sólo la quiere a ella".
De perfil conservador (es votante del PP, pero se declara moderadamente de acuerdo con los matrimonios gays), Alfonso nació en 1950 en una familia palentina de ocho hermanos con padre militar. Al norte de la meseta, con calor en verano y frío en invierno, fue visitando las ermitas románicas de la zona hasta que decidió sacarse una oposición en Madrid. También se fue a la capital su hermano Pedro, conocido como ‘El Chamarilero’ por su pequeña tienda de antigüedades de la calle Zurbano.
Precisamente fue a través de él como Alfonso conoció a su “porcelanita”, como la propia Duquesa ha confesado que le llama en la intimidad. Fue hace más de treinta años, cuando Pedro quedó con su amigo Jesús Aguirre, entonces segundo marido de Cayetana, y se unió su hermano. Alfonso quedó inmediatamente prendado de la vitalidad culta de aquella mujer, todo un mito para un amante de la historia de España. Ella tenía 48, él 24.
A partir de entonces, los referentes eróticos de Díez fueron tres: “Ava Gardner, Elizabeth Taylor y Cayetana de Alba”, tal y como solía enumerar. Para su sorpresa, sus pasiones cerrarían sobre sí la cuadratura del círculo en los cines la madrileña Plaza de los Cubos, enfrente del Palacio de Liria, donde coincidió con la Duquesa por casualidad al dirigirse a ver la misma película. De un café posterior "por los viejos tiempos" se pasó a "una entrañable amistad" y, de ahí, a una boda. Ella siempre ha hecho, como bien recalca Díez cada vez que tiene ocasión, “lo que le ha dado la gana”. Bravo.