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Al Gore da la sorpresa y se separa

Al Gore es un hombre soltero. Después de 40 años junto a Tipper, el político metido a director de cine y su amadísima esposa han decidido separarse de mutuo acuerdo.
Pocas parejas parecían tan sólidas como la de Al y Tipper Gore. Cuarenta años juntos. En la salud y en la enfermedad, en el cine y en la política. En el instituto y en la universidad... Pero no era todo tan bonito como parecía. El matrimonio acaba de anunciar su separación de mutuo acuerdo y ha dejado a Estados Unidos en estado de shock.
Los Al Gore han decidido separarse de mutuo acuerdo. Atrás quedan las miradas de embeleso, los besos de tornillo desde el estrado de una convención política, los paseítos de la mano y las constantes demostraciones de amor que gritaban al mundo "somos perfectos".
Quizá por eso, según reflejan los comentarios generados por la noticia en los medios de comunicación, "parte de la opinión pública reaccionó como si Al y Tipper fueran sus propios padres".
Fueron los Gore quienes dieron la noticia. Lo comunicaron a sus amigos y allegados en un correo electrónico que, inmediatamente trascendió a la prensa provocando una sorpresa generalizada.
En el famoso mail, la pareja hacía referencia a una decisión mutua tomada "tras un largo y cuidadoso proceso de consideración". Al parecer, según cuentan algunos de los amigos comunes, no hay infidelidades ni terceras personas, sino simplemente un distanciamiento entre la pareja.
Al y Tipper Gore eran novios desde el 'insti'. Y claro, después de tanto tiempo juntos ofrecían una imagen de matrimonio tan extraordinario que, a veces, resultaba cursi.
No hay más que ver algunos comentarios del político para darse cuenta del punto 'empalagoso' de su matrimonio. En una ocasión dijo que sabía que amaba a Tipper con todo su corazón desde el baile de fin de curso del instituto. Es más, algunos medios señalan que Al Gore defendía que su historia de amor inspiró la novela "Love Story". Aunque su autor, Erich Segal, lo desmintió.
Novios del 'insti'
Este tipo de referencias, habituales en las campañas electorales de EEUU, son las que llevaron también a encumbrar el matrimonio de otro demócrata candidato en el 2004 a vicepresidente de EEUU. John Edwards aireó hasta la saciedad su supuesta felicidad matrimonial.
Los Edwards también eran "perfectos". Novios desde la secundaria. Eran tan pobres en aquella época, que siempre han contado que él le pidió matrimonio en un "Wendys" y le entregó un anillo de plástico porque no les llegaba para más. ¡Igual que en las pelis!
Y dice la leyenda, que ellos mismos se encargaron de alimentar, que el económico restaurante de comida rápido se convirtió en el escenario ideal para celebrar sus aniversarios de boda. Y no porque tuviesen que ahorrar...  Por si hay alguna duda de su capacidad económica: John se hizo multimillonario como abogado.
Desde luego la historia resulta deliciosa para cualquier elector americano. O más bien podría resultar si no hubiera sido porque, en el 2008, se supo que Edwards engañó a su esposa -que desde el 2004 batalla contra un cáncer sin cura- con una ayudante de su campaña presidencial con quien además, tuvo un hijo que inicialmente negó.
¡Y claro! De la noche a la mañana, el idilio se volvió repugnante. Parece claro que Edwards nunca más levantará cabeza, al menos en la política de ese puritano país que puede perdonar los escarceos -véase el caso de Bill Clinton- pero que lleva muy mal los engaños.
En busca de la respuesta perdida
Ahora los expertos están inmersos en la búsqueda y captura de una explicación a estas situaciones, especialmente a la de Gore, por haber sido la última en descubrirse. Y de momento, para ellos, la única culpable puede haber sido el éxito y no las crisis.
Desde que abandonara su carrera por la Casa Blanca, Al Gore se ha dedicado en cuerpo y al alma a la defensa del medio ambiente, ganando incluso un premio Nobel de la Paz y un Oscar con su documental "Una verdad incómoda".
Y así, preguntada en la cadena ABC sobre qué consejo hubiera dado a los Gore para evitar la separación, la psicóloga Marion Salomon sugirió que ex vicepresidente podría haber estado tan entusiasmado con su trabajo en defensa del medio ambiente que, quizá, descuidó su matrimonio.
"Si estás haciendo algo que te apasiona, asegúrate de que tu pareja reciba mucho reconocimiento. Que sepa que es algo muy importante en tu vida, en lo que estás haciendo, que es valiosa", señaló.
Y mientras los Gore se separan, otras parejas de políticos por las que nadie hubiera apostado un dólar siguen juntas contra viento y marea.
¿Y quién es esa pareja? Pues la de Bill y Hillary Clinton. Es inevitable comparar el aparentemente perfecto matrimonio Gore con el del ex presidente que, contra todo pronóstico y pese a los numerosos escándalos e infidelidades, siguen juntos y unidos por su hija Chelsea y por otras razones que algunos vinculan a los afanes de poder de ambos. Pero siguen juntos.
¡Quién lo iba a decir! Los Clinton siguen como si nada... (gtresonline.com)
Todo puede ser, por supuesto, una fachada, pero los psicólogos señalan que hay razones más poderosas que el amor para mantener junta a una pareja.
En la vida marital, señalan, hay diferentes ciclos. Después de siete años, por ejemplo, muchas parejas sienten que se ha acabado el romance y cuando los hijos dejan el nido muchas otras pasan una crisis.
"Cuando los ciclos llegan a esos momentos, tienes que encontrar un nuevo pegamento para la pareja, tienes que recrear un nuevo bebé", dijo Renana Brooks, psicóloga y directora del Instituto Sommet de Washington.  Y es que, para ella, "los Clinton tienen realmente una visión común, una asociación. Tienen un bebé político".