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Mario Casas y María Valverde, sus chicles y sus vuelos low cost

Mario Casas y María Valverde son la pareja ideal. Si sus respectivos managers lo hubieran pensado, no les habría salido mejor la jugada. Los dos guapos oficiales, los que vuelven locos a unas y otros, son novios y se pasan la vida demostrándolo.
Mario Casas y María Valverde son la pareja ideal. Si sus respectivos managers lo hubieran pensado, no les habría salido mejor la jugada. Los dos guapos oficiales, los que vuelven locos a unas y otros, son novios y se pasan la vida demostrándolo. La revista In Touch (que es la única que ha salido hoy porque el resto adelantaron la edición por la boda monegasca) tiene una capacidad para atar hilos impresionante y de cualquier detalle se sacan un reportaje. Bueno, un poco como ocurre con esta sección.
Resulta que la megapareja estaba en el aeropuerto de Sevilla para coger un avión y hacer una escapadita a Barcelona y a María se le pegó un chicle enorme, de unas dimensiones brutales, según la foto de la revista, que la dejó literalmente pegada al suelo. La verdad es que nunca en la vida había visto un chicle tan, tan enorme. Cuando se te adhiere uno a la suela del zapato casi ni te enteras, pero debe ser una golosina de nueva generación de la que no estoy muy al tanto.
Ella, que está enamorada, y le da todo igual, en vez de contrariarse, se partió de risa. El amor es así… y Mario que también parece adorarla, pues lo mismo. En el reportaje, consiguen hacer una metáfora de este acontecimiento para explicar que están tan empalagosos y pegados como el chicle, lo cual tiene su mérito, me refiero a la metáfora.
Por otra parte, destacan algo que a nosotros tampoco se nos había pasado por alto. Me refiero a dos asuntos. El esencial, que se van en un vuelo low cost, que ya les vale, porque ganan un pastón con sus respectivos trabajos. Pero, bueno, la crisis es para todos. Y otro asunto que nos llama la atención es que, según el reportaje, Mario Casas ha comentado en alguna ocasión que cuando se enamora hace verdaderas locuras… pues no sé, si las locuras consisten en irse de Sevilla a Barcelona, tampoco nos parece que sea precisamente el colmo del romanticismo alocado.