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Parker, el gran emperador del vino

Mírale bien, este hombre decide qué vino triunfará en todo el mundo y cuál no. Robert Parker acaba de saltar a las portadas al ser condecorado con la Gran Cruz del Mérito de España. Pero, ¿por qué? Te presentamos a este ex abogado norteamericano reconvertido en estrella.
Tiene maneras de sibarita, domina como nadie el arte de adjetivar matices imposibles y posee la capacidad de influir en los mercados. Robert Parker, el gurú mundial de los vinos, acaba de ser condecorado con la Gran Cruz del Gobierno Español y aunque esto no diga mucho en un principio, en divinity.es te lo intentaremos traducir con una imagen: Si él recomienda un caldo ibérico, aparecerá como por arte de magia en las mesas más exclusivas de todo el planeta. Te contamos todo sobre este ex abogado americano reconvertido en estrella. 
Robert Parker (1947) es lo más parecido al rey Midas que la crítica de vinos ha vivido. Más bien podría decirse incluso que él mismo ha inventado buena parte de la crítica moderna, ya que ideó el baremo sobre cien puntos que hoy es la principal referencia mundial del sector. Al más puro estilo de la literatura y la cinematografía sobre el género, todo caldo que supere los 90 puntos al pasar por su garganta multiplica las exportaciones hasta el infinito. Basta un gesto de cabeza de Robert y el éxito está asegurado. 
Por eso no ha sorprendido a casi nadie que el Gobierno español siga la senda del francés y el italiano y le conceda un galardón de este tipo para tenerle contento. Ya Mitterrand le colgó en la solapa en 1993 el grado de 'Chevalier dans l'Ordre National du Mérite' y Chirac el de 'Chevalier dans l'Ordre de la Légion d'Honneur' en agradecimiento a su gusto por Burdeos (cabernet sauvignon y merlot) del país. Tampoco Berlusconi perdió la oportunidad de apuntarse a este sutil 'quid pro quo' con la medalla de ‘Commendatore National Order of Merit’. 
Sin embargo no hay que confundir agradecimiento con transacción. Al menos eso se empeñan en dejar claro ante la opinión pública ambas partes, sobre todo la de Parker y su Wine Advocate, la publicación bimensual en la que pueden leerse sus opiniones (y las de sus colaboradores) sobre líquidos selectos. De hecho, una ley inquebrantable de la casa consiste en no aceptar catas ni regalos pagados por las bodegas a examen. 
No probó los vinos hasta los 20 años
El periplo de Parker de barrica en barrica comenzó en los años sesenta cuando visitó en navidades a su novia de entonces (ahora su esposa durante casi cuatro décadas y madre de su hija), que estudiaba un año en Francia. Los enamorados se entregaron un mes a varias pasiones y descubrieron otras, como los vinos de la zona de Alsacia. 
Al volver a su pupitre de la universidad de Meryland, en Estados Unidos, a Parker comenzó a ronronearle la romántica idea de dejar la abogacía y entregarse de lleno a escribir sobre vino. Tardó unos años, pero finalmente decidió desoír los consejos de amigos y familiares y lanzarse de lleno a ello. Abrió una botella de champagne Don Perignon al dejar el despacho. Corría 1978 y los suscriptores del primer número Wine Advocate apenas superaban los 500. 
Hoy son más de 50.000 los exclusivos fans, provenientes de 37 países diferentes y todos ellos siguen lo escrito como una biblia. Pero nada de esto hubiese sucedido si el joven Parker no hubiese pronosticado en contra de expertos de todo el mundo que la añada de 1982 pasaría a la historia como una de las mejores cosechas nunca catadas previamente. Fue en Burdeos durante la cata "en primeur", un conocido evento que marca los precios del año siguiente y que cambió para siempre su vida. 
Críticas al crítico
Como no podía ser de otro modo, Parker también despierta resquemores. Especializado en vinos de Burdeos, de California y del Ródano, sus detractores aseguran que se le ve el plumero en cuanto le pones delante vinos superpotentes, con gran contenido de alcohol, tanino y roble. Argumentan incluso que muchos vinicultores se están 'parkerizando' sus caldos para ajustarlos a sus gustos y vender así todas las existencias. 
Sea como fuere, lo que está claro es que 'una palabra tuya bastará para salvarme' y, a juzgar por la nueva medalla, se está intentando conseguir que los vinos españoles logren la proyección internacional que sí está cosechando la cocina de, entre otros, Ferran Adriá, Arzak o José Andrés.
De hecho, no fue hasta 2005 cuando un vino español logró la máxima puntuación en Wine Advocate: Lo lograron de golpe (apunten ustedes) el Termanthia 04 (Toro), Pingus 04 (Ribera del Duero), Clos Erasmus 04 (Priorat), Contador 04 (Rioja) y Viña El Pisón 04 (Rioja). 
Se da la curiosa circunstancia de que Parker no se encarga de la cata de los vinos producidos en España, sino que es Jay Miller, uno de sus más cercanos colaboradores, que antes se dedicó a la psiquiatría y que también bebe los de Australia, Grecia y Sudamérica. Robert nos visitó el año pasado, recibido por Don Juan Carlos en Winefuture-Rioja, pero no había vuelto desde que en los setenta se hizo un viaje con su mujer por la costa y "ni siquiera había autopistas".