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Putin elige como fotógrafa oficial a una ex modelo, ¿casualidad?

Se llama Yana Lápikova, tiene 25 años y hace tres fue finalista del concurso de belleza 'Miss Moscú'. Además, es la nueva fotógrafa personal del primer ministro Vladimir Putin. Los rumores no se han hecho esperar.
Se llama Yana Lápikova, tiene 25 años y hace tres fue finalista del concurso de belleza ‘Miss Moscú’. Hasta aquí nada demasiado extraordinario, salvo por el detalle de que, según ha confirmado el propio gobierno ruso, es la nueva fotógrafa personal del primer ministro Vladimir Putin y, como tal, debe acompañarle a todos los actos. Los rumores no se han hecho esperar.
¿Qué impide ser modelo y tener talento artístico para la fotografía? ¿La belleza abre determinadas puertas que de otro modo permanecerían cerradas? ¿Qué relación une a Lápikova con su jefe? Medio mundo se hace preguntas sin respuesta sencilla a raíz de las difusas noticias que llegan desde Moscú y que El País recogió este fin de semana.
Las versiones sobre el reciente nombramiento de Lápikova se dividen en dos. La primera, que podríamos denominar ‘malpensada’, aporta datos como que la joven lleva apenas practicando unos meses con la cámara y que las primeras instantáneas no han resultado precisamente deslumbrantes. También subraya la cantidad de aspirantes que no han sido tenidos en cuenta para ese puesto, antes vacante, como tercer fotógrafo personal de Putin.
La segunda, que podríamos llamar 'oficial', la aportó el secretario de prensa ruso, Dmitri Peskov, quien tuvo que salir en defensa de la joven ante la avalancha de críticas: "Es una buena profesional. Su pasado como modelo no nos concierne porque no es delito. El trabajo de fotógrafo personal es insoportable y se remunera mucho peor que en las agencias internacionales", afirmó a la agencia RIA-Novosti.
Al parecer, el puesto fue ofrecido a otros que no lo quisieron y que la ex modelo sí aceptó, pese a las duras condiciones de trabajo. Todo porque la plantilla se le había quedado corta al presidente, ya que sus dos retratadores oficiales hasta hace unas semanas tenían la obligación de asistir a todos sus actos y a los de sus viceprimeros ministros. Mucho evento para poca cámara.
Mientras todo este ruido suena fuera, Lápikova sigue con sus encuadres y recalca su legítima vocación, insinuando de paso ciertas dosis de machismo en sus detractores: "Trabajar como fotógrafa es el sueño de mi vida. Es cierto que participé en el concurso de Miss Moscú, pero fue un error que estoy pagando ahora", ha explicado.