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Sinde, mejor actriz. De la Iglesia, mejor guión

Ya pueden relajarse el director de cine y la ministra de Cultura. Han superado el papelón de asistir juntos a los Goya sin llegar a las manos. Uno se ha ganado los aplausos de internet por su discurso. La otra ha demostrado ser una gran actriz.
Tras una larga gala sentados juntos, Álex de la Iglesia y Ángeles González-Sinde ya pueden dejar de apretar la mandíbula el uno y relajar el cuello la otra. El trago ha pasado y han resistido la tentación de descerrajarse un par de navajazos ante la atenta mirada de unos espectadores que estábamos más interesados en el morbo de su encuentro en los Goya tras su desencuentro por la ley antidescargas que en los propios premios.

Y eso que De la Iglesia corrió un serio peligro cuando, ante la mirada de toda la industria audiovisual, con la Ley Sinde por la que han presionado recién aprobada, decía en su discurso como presidente de la Academia de Cine: “internet no es el futuro como algunos creen, internet es el presente”. Y después añadía perlas como “a los internautas no les gusta que les llamen así. Ellos son ciudadanos, gente, son nuestro público (...) que no va al cine porque está delante de la pantalla de un ordenador” o “no tenemos miedo a internet porque internet es precisamente la salvación de nuestro cine” en un discurso más aplaudido en la red que en el Teatro Real, donde la ministra Leire Pajín le fulminaba con la mirada. “Ya está. Mañana a rodar. Qué delicia”, decía el director unos minutos después de salir al escenario desde su móvil en Twitter.
Si el de Bilbao debería llevarse el premio al mejor guión por la coherencia y el atrevimiento de su discurso, la ministra de Cultura Ángeles González Sinde debería llevarse el Goya a la mejor actriz. Muy profesional, mantuvo la sonrisa en todo momento. Como cuando nada más comenzar la gala el presentador Andreu Buenafuente decidió nombrar cuanto antes al elefante de la habitación: “Creo que se gustan”, dijo de la pareja de la noche. Y añadió un “espero que la gala le e-mule” dedicado a la ministra y un “me encanta la broma previa que has hecho de que dimitías, cómo se lo ha creído la gente” para el aún presidente de la Academia de Cine, que hace poco menos de un mes anunció su renuncia tras la gala de los Goya debido a sus discrepancias con Sinde por la aprobación de la ley que lleva su nombre.
También sonreía la ministra unos minutos antes, cuando el director de Balada Triste de Trompeta y ella posaban juntos en la alfombra roja antes de entrar en el Teatro Real. Ella le cogía del brazo mientras él ponía cara de circunstancias y guardaba las manos en los bolsillos. Lo que se dice un papelón. Pero muy bien representado, que al fin y al cabo los dos son profesionales del cine. Y como para no hacerlo, rodeados como estaban rodeados un montón de ministros: Miguel Sebastián (ministro de las operadoras telefónicas), Leire Pajín (con un escote a lo Merkel) y Elena Salgado (de ‘milfnistra’, como decía alguno en internet). También se les uniría Icíar Bollaín, vicepresidenta de la Academia. En el rostro de De la Iglesia se podían leer muchas cosas, la más leve de las cuales es que hubiera preferido posar con su pareja, la bella actriz Carolina Bang.

Un poco allá de la entrada al Teatro Real, donde por primera vez se celebraba la gala, unos cuantos centenares de personas bajo el nombre de Anonymous se manifestaban en contra de la Ley Sinde portando caretas de V de Vendetta y coreando consignas como “ministra el que no bote”. La "Operación Goya" convocada por este colectivo llegó a ser Trending Topic (tema más popular de Twitter) mundial. Hubo pitidos y hasta algún lanzamiento de huevos, como contaría Dafne Fernández y Jorge Drexler recogería en el discurso de agradecimiento de su premio… ante el beneplácito de un Alejandro Sanz vía Twitter.
De la Iglesia respondió a pie de alfombra a los periodistas sobre su dimisión ("de agridulce nada, me voy en el mejor momento”) y sobre el tiempo que iba a pasar con la ministra (“me imagino que hablaremos de cine", “hemos tenido tiempos mejores, pero nos llevamos bien”). Sobre las protestas de Anonymous dijo “que tienen todo el derecho y que por favor mantengan el respeto como también lo hacemos". Una pregunta a la que Sinde respondió con vaguedad cuando le inquirió RTVE: "el cine es un esfuerzo colectivo" donde "hay que invertir dinero" y que hay que salvaguardar porque es un "medio de difusión de la cultura muy importante". También tiró balones fuera respecto a De la Iglesia: "en un aniversario como este (...) uno sólo puede estar feliz y agradecido".
Historia de un desencuentro
De la Iglesia no siempre fue el héroe de los internautas en el que se ha convertido tras su discurso y su dimisión. En un principio era favorable a regular las descargas, aunque cambió de opinión después de las conversaciones, primero en Twitter y después en persona, mantenidas con los internautas y con algunos influyentes del sector, que le convencieron de que la norma era una chapuza (más aún con las enmiendas que introdujo el PP para poder sacarla adelante en el Senado).  De la Iglesia llegó a enviarle “in extremis” a Sinde un nuevo borrador de la ley redactado por terceros, un texto que fue ignorado. La ministra reaccionó con frialdad al anuncio de su dimisión, señalando a Icíar Bollaín –vicepresidenta de la academia- como su posible relevo.
Año a año, los Goya han demostrado ser muy importantes para la carrera política de Ángeles González-Sinde, que una vez ocupó el puesto de su partenaire en esta polémica. En 2009 se hacía la foto en la alfombra verde con el hombre al que sustituiría como ministro de Cultura, César Antonio Molina. Ella era la presidenta de la Academia de Cine, y daba un discurso que ya fue de lo más comentado de la gala. "Tenemos que seguir peleando para que las descargas ilegales no nos hagan desaparecer, para que nuestros administradores comprendan que en el negocio de la red no pueden ganar sólo las operadoras de ADSL, mientras quienes proporcionamos los contenidos, perdemos", decía. Cinco días después llegaba su premio y era nombrada ministra, con el encargo de solucionar el problema de las descargas como una de sus principales misiones, un nombramiento que fue interpretado por los internautas como una declaración de intenciones (mínimo) o una provocación (máximo). Como han demostrado después los papeles de Wikileaks, ya entonces era una prioridad del Gobierno Zapatero sacar adelante una ley que respondiera a las presiones norteamericanas y a las de la propia industria.
Al año siguiente, Sinde ya era ministra, y asistía a la entrega desde las butacas. Pero en 2010 las miradas no estaban puesta en ella, ni en el hombre que la había relevado al frente de la Academia, Álex de la Iglesia, que en esa ocasión no citó a internet. Entonces el morbo era ver a Almodóvar reconciliándose con el cine español y a Pé y Bardem sentados juntos. Para Bardem (pitado por cierto a la entrada por Anonymous por su posición sobre la Ley Sinde) también ha sido unos Goyas muy distintos este año. Pero esa ya es otra historia.