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Las estrellas del cementerio

Cuando un artista se muere aparece otro lugar turístico para visitar: su tumba. Los fans de Michael Jackson, de Marilyn Monroe o de Elvis tienen en sus mausoleos un lugar de culto. Algunos van gratis y otros, como los seguidores del Rey del Pop, tiene que pasar por casa.
Las tumbas de Michael Jackson, Elvis Presley, Marilyn Monroe o Jim Morrison forman parte de un turismo necrológico seguido por fans, curiosos y peregrinos de todo el mundo.
Parece que los ídolos y mitos de todos los tiempos representan la excepción del famoso 'Descanse en Paz' al que uno alude cuando alguien muere. Conocíamos hace unos días la noticia de que el mausoleo en el que yace el Rey del Pop desde junio de 2009 sufría la profanación de algunos de sus fieles con pintadas que rezaban sentencias tales como “Mantén el sueño vivo” o “¡Te extraño dulce ángel!”. Y claro, ante un hecho tal, el cementerio de Forest Lawn en Los Ángeles, donde está la tumba, ha decidido no permitir la entrada de curiosos en dicho mausoleo. Sus admiradores ya sólo podrán dejarle flores al módico precio de tres dólares. Ningún regalo más será admitido y, además, las miles de personas que cada día acuden a visitarle, tendrán que pasar por caja antes de hacerlo.
Éste es sólo el ejemplo más reciente de la devoción que despiertan los camposantos cuando en él se haya un mito, pero hay muchos más. Los restos del Rey del Rock y una de las figuras más imitadas en el mundo, Elvis Presley, fallecido en 1942, tuvieron que ser trasladados del cementerio de Forest Hill de Memphis al Jardín de la Meditación en su mansión de Graceland debido a la avalancha de curiosos que acudía a visitarle. Cada año iban a su tumba más de medio millón de personas, convirtiéndose en la segunda residencia más visitada después de la Casa Blanca. Un dato curioso si eres elvismaníaco: en el mes de agosto (del 10 al 16 exactamente) se celebra la 'Elvis Week' en memoria del cantante. La fiesta termina el día 16 con una vigilia nocturna alrededor de su tumba llegándose a contar (en anteriores ediciones) más de 40.000 velas encendidas.
El rebelde por excelencia, James Dean, que nos dejó con tan solo veinticuatro primaveras hace ya 55 años, todavía recibe numerosas cartas de amor de sus fans en el Park Cementery de Indiana. Además, cada 30 de septiembre, conmemorando el día en el que un fatídico accidente acabó con su vida y tras una semana de festejos varios, el pueblo de Fairmount, en el auténtico Far West, se reúne alrededor de la lápida de mármol rosa donde se encuentra Dean y que fue robada en dos ocasiones. El protagonista de 'Rebelde sin causa' cuenta además con un museo en su honor muy cerca del mausoleo.
La tumba de la ambición rubia y flamante Marilyn Monroe, primera portada de Playboy en el año 53, es también una de las más custodiadas por sus seguidores. En el Westwood Memorial Cementery de Los Ángeles, está siempre coronada con rosas amarillas y marcas de pintalabios que sus fieles plasman en su cripta rosácea. Incluso el nicho ubicado encima de la diva hollywoodiense fue subastado por eBay y los espacios libres a su alrededor se venden por el nada desdeñable precio de 250.000 dólares. Sin ir más lejos, otra rubia, aunque más actual y no tan diva, Paris Hilton, pagó ese dinero por una tumba para su cabra, muy cerca de Marylin.
Mucho más cerca, en París y en un cementerio, el Père-Lachaise,  reside el cuerpo de James Morrison, ex líder de The Doors. Su tumba es la cuarta “atracción” más visitada de París y la primera del cementerio, que se encuentra en la lista de los cinco lugares a los que más turistas acuden. En él yacen otros genios como Oscar Wilde, Molière o Chopin aunque, según los propios guardianes del camposanto, la lápida del rockero se ha convertido en un santuario en el que los fanáticos de Morrison dejan declaraciones de cariño, velas e incluso colillas de cigarro. La policía vigila permanentemente su tumba ya que, no sólo han robado el busto del cantante de los 60 que presidía su lecho, sino que muchos de sus fans se dedicaban a tomar drogas frente a él, para seguir su ejemplo. En el caso de Jim Morrison sí podemos leer algo curioso en su epitafio, que reza: “James Douglas Morrison, 1943-1971. Kata ton daimona eaytoy”, una frase griega que viene a sentenciar: “El diablo está en mi interior”.
Otros mitos del mundo de la música como John Lennon o Freddie Mercury fueron incinerados, dejando a sus fieles admiradores sin un lugar físico donde rendirles tributo, aunque los fans del líder de The Beattles consideran la ciudad de Nueva York como su propio mausoleo y a los seguidores del líder de Queen, siempre les quedará el Lago Geneve, en Suiza, donde se esparcieron sus cenizas y frente al cual se levantó un monumento en su honor.