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La manía de poner nombres raros a los niños hace que la hija de Bisbal nos meta en líos

Ella, el nombre de la hija de Elena Tablada y David Bisbal, sigue dando lugar a múltiples malentendidos. Sólo se entiende un nombre así como la mejor opción para este matrimonio no se rompiese la cabeza y evitase discusiones inncesarias.
Esto de poner nombres originales a los niños tiene un límite. Una empieza a leer la noticia que cuenta las apasionantes vacaciones que David Bisbal y Elena Tablada acaban de pasar en Santorini con su hija y todo el rato pensábamos que al decir “ella” se referían a la Tablada.
Resulta que la niña se llama Ella, pero esto crea situaciones un poco raras. A ver uno lee lo siguiente y ¿qué conclusión saca?: “El cantante y la diseñadora de joyas han recorrido algunas villas de la isla, maravillándose con los paisajes. La pareja también hizo una excursión en barco, donde Ella demostró que ya sabe andar solita”. Está claro, ¿no? La frase, si uno no supiera que la pequeña Bisbal se llama Ella, da a entender nítidamente que Elena Tablada ya sabe andar sola.
Pero bueno, todo el artículo de 'Diez Minutos' es un derroche de sinsentidos. Lo primero de todo que llaman a Tablada diseñadora de joyas y encima nos muestran el resultado de su trabajo. Lo llevamos claro si las joyas que diseña Elena son esas pulseritas de cuentas de colores, que cualquier niño de guardería puede hacer con los ojos  cerrados.
Pensamos, benévolamente, que quizá sea un error. Porque es imposible que tenga tanta cara. ¿Qué menos que contratar a un diseñador en la sombra que haga el trabajo sucio y el limpio? Y ella (queremos decir Elena Tablada, no la niña) limitarse a firmar, como hacen todas las famosas, pero no, parece que Tablada quiere sacar a flote su vena creativa y va y hace pulseritas como hippies.
Claro que a tenor de cómo llevan a la pobre Ella vestida, lo cierto es que parece que no tienen ninguno de los dos demasiado gusto. Ese gorrito de perlé con una mega margarita morada a un lado es como para quitarles la custodia por falta de gusto estético.
Por el amor de Dios es lo peor que hemos visto en una niña desde que Andreíta salió, casi recién nacida, con un lazo y un floripondio en la cabeza.