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Por qué nos pone tanto Julian Assange, el fundador de Wikileaks

El fundador de Wikileaks tiene esa pinta de genio-villano al margen de la ley que nos vuelve locas. Pero, además, su biografía está salpicada de agujeros negros que lo convierten en un oscuro objeto de deseo.
Admitámoslo, Julian Assange, fundador de Wikileaks, es increíblemente atractivo. Y no solo por haberse enfrentado al mastodonte de los secretos de Estado y la guerra sucia, sino porque tiene esa pinta de genio-villano que vive al margen del bien, el mal y la legalidad. Además, la imagen de la organización que puede cambiar el transcurso de la historia tiene una biografía salpicada de agujeros negros que lo convierten en un claro objeto de oscuro deseo.
Aunque nació en 1971 en Townsville -en la costa norte de Australia-, ha pasado gran parte de su vida cambiando de residencia. Si se hace un seguimiento de las ciudades donde ha concedido entrevistas a medios de comunicación en los últimos meses (en Islandia, Reino Unido, Noruega…), es imposible establecer relación o conclusión alguna. Parece, sin embargo, que este es un mal que le persigue desde pequeño. Este verano, The New Yorker publicaba un extenso reportaje sobre Assange en el que él mismo admitía que su infancia "parecía la de Tom Sawyer". "Tenía mi propio caballo. Construí mi propia balsa. Iba a pescar. Y me gustaba cruzar túneles y pozos", explicaba.
El hombre sin patria tampoco tiene color: gris oscuro son sus ojos, entre gris y blanco el pelo y en sus apariciones públicas hace gala de una gran sobriedad y un gusto por los tonos negros. Su estilo ante las cámaras es también frío y directo, adjetivos exponenciados al infinito por una actitud rígida y una voz suave y pausada, sin apenas modulaciones. En las redes sociales, Assange ataca sin piedad a sus enemigos. Sin embargo, se dice que en privado es un rabo de lagartija, rebosante de energía.
Su activismo político focalizado en una intensa labor como hacker, le costó durante la adolescencia un enfrentamiento con la justicia cuyo resultado fue una multa insignificante. A los 19 años tuvo un hijo, Daniel, con una mujer de la que posteriormente se separó y con la que ha mantenido constantes disputas por la custodia del pequeño de los Assange. El hombre capaz de meter en un gran aprieto a la diplomacia estadounidense es, en cambio, ineficaz a la hora de resolver sus problemas personales.
Cauto hasta rozar la paranoia, es imposible saber si se trata del nuevo mesías de la informática que ha venido a salvar a la maltrecha democracia de la corrupción gubernamental o simplemente un demente con ansias de venganza y una acumulación de enfermedades psiquiátricas. Mientras la frecuencia de las filtraciones de asuntos turbios aumenta, ha sido acusado en Suecia de acoso primero y violación después. Héroe o villano, lo que sí es más que evidente es que los guapos rebeldes nos vuelven locas.