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¿Es una mancha informe? No, es Sarah Jessica

El Photoshop se ha convertido en un potente arma capaz de provocar hecatombes si cae en manos de una celebrity demasiado acomplejada o de unos editores sin principios morales. Comprueba aquí algunos de sus mayores desperfectos.
Lo habréis visto en alguna de vuestra ciudades: cuatro monstruos acechando desde un desierto que portan vestidos de alta costura. No es una nueva entrega de La Momia ni de Temblores, sino el cartel de Sexo en Nueva York 2. Otra muestra de la oscuridad que se instala en el corazón del hombre cuando se le da demasiado poder para utilizar una herramienta que no nació para deformar nuestros rostros, sino para suavizarlos: el Photoshop.
El Photoshop es tan definitorio de nuestra era como el 11-S, y a efectos prácticos tal vez ha tenido la misma influencia en la fotografía que aquella tragedia en la política internacional: ya no te puedes fiar de nadie. Pero hemos llegado a aceptar los cuerpos esculturales donde nunca hubo tal cosa, los dientes escandalosamente blancos donde suele haber caries y los pechos levantados y firmes donde suele haber una estrella del pop de 50 años. Todo eso está muy bien y un día, en el futuro, miraremos atrás y admiraremos con nostalgia los excesos de Photoshop, al igual que ahora encontramos encantadores los colores ultrasaturados y los elementales cromas de los videoclips de los ochenta. El problema llega cuando empiezan a desaparecer manos, cinturas y brazos. Y cuando los negros se vuelven blancos. O se vuelven muchísimo más negros. O ciertas modelos pasan a lucir un cuerpo monstruoso y ciertas cantantes con tendencia al sobrepeso convierten sus más anoréxicas fantasías en realidad en la portada de Elle USA. O cuando Sarah Jessica Parker, actriz que gozaba de una interesante carrera y de una fotogénica fealdad hasta que llegó Manolo Blahnick, empieza a ser la nueva Freddie Krueger.
El hecho de que las mayores aberraciones pasen todo tipo de filtros y lleguen a ser campañas millonarias, portadas de las revistas más prestigiosas y pósters de las películas de más presupuesto es uno de los grandes misterios del milenio. Respuestas no tenemos, pero las pruebas de que los fotógrafos y sus retocadores se han vuelto completamente majaretas podéis verlas en esta fotogalería.