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Oda a la gorda

Nuestra colaboradora Ane se presenta a los lectores desnudando sus anhelos y desvelos de adolescente. De carnes va la cosa.

Siempre he querido ser Kate Moss. Y cuando digo siempre me refiero a desde los 14 o 15 años, esa edad en la que reniegas de todo, incluso de ti misma, y quieres dejar de ser tú para parecerte a la persona que idolatras.
Pues eso, que como siempre quise ser Kate Moss me he pasado años enteros a dieta tratando de ser un atisbo de lo que es ella, soñando con que una camiseta de tirantes me sentara la mitad de la mitad de la cuarta parte de bien que a ella, ¡oh, gran diosa Kate!
Tanto deseaba ser Kate que me compré unas Hunter, gasté todos mis ahorros de aquella época en la que trabajaba como becaria 12 horas al día por 80 mil pesetas en un billete de avión y una entrada para el festival de Glastonbury, e hice lo posible y lo imposible por mancharme las botas de barro con tanto glamour como ella. Pero nada.
Me he dejado el pelo largo y trato cada mañana de hacerme imposibles despeinados en mi melena para parecerme a ella. Pero nada. Tengo el pelo negro y lacio, por mucho que me empeñe. Por no hablar de la cantidad ingente de cafés que me he comprado en el Starbucks para sostenerlos en la mano con tanta elegancia como ella… Pero nada. Nunca nadie me ha llamado Kate, ni si quiera me han comentado que me parezco a ella. Y he desistido. Nunca seré Kate.
Hace años que lo asumí, pero me encanta idolatrar a las famosas y tener un mito al que seguir. Así que he decidido que ahora me voy a hacer súper “fans” -así, en plural, como La Agrado de la peli de Almodóvar- de Crystal Renn.
¿Qué por qué? Porque, como dice Màxim Huerta, mi vecino del ático izquierda en esta página: “A veces uno sueña con ser, no lo que quiere ser, sino lo que puede llegar a ser”. Así que como nunca podré ser como Kate, me conformaré con soñar que soy Crystal, la modelo ‘oversize’ -¡qué eufemismo!- mejor pagada del momento.
Y además, su carrera de modelo no ha sido nada fácil, tiene drama de fondo. ¡Me encanta! Sí, decfinitivamente, ¡soy "fans" de Crystal!
Crystal empezó a ser feliz el día que decidió dejar de soñar con ser una top model para dedicarse a ser simplemente ella.
Aparcó la horrorosa idea de ser esclava de su cuerpo y empezó a sentirse una reina en él.
A partir de ese momento, de repente, empezó a gustar. Se convirtió en musa de Jean Paul Gaultier, que empezó a contar con ella para sus desfiles, y fue encumbrada a la fama.
¡Me identifico tanto con sus palabras! “Comía mantequilla de cacahuete, pizza, chocolate… era maravilloso, como estar en el cielo”, recuerda la modelo.
Pues nada, que me espere en el cielo, que para mí también tiene forma de pizza, chocolate y mantequilla de cacahuete.