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Mario Conde aún da titulares: se ha casado

Uno de los presos más famosos de la historia delictiva española se ha casado por sorpresa. ¿La esposa? Una profesora universitaria. ¿La boda? Una operación de alto secreto.
Mario Conde ya salió de la cárcel, sus escándalos en los 90 quedaron atrás y ha perdido el factor sorpresa después de colaborar regularmente en ese canal tan bonito que se llama Intereconomía. Aún así, mantiene la capacidad de generar titulares. El ex-presidente de Banesto se ha casado con una profesora llamada María Pérez-Ugena Corominas. Como ves, el apellido no es moco de pavo. No se iba a casar Mario con una mujer de apellido Martinez.
La esposa ejerce impartiendo clases de Derecho y ha escrito artículos tan interesantes como 'Defensor del pueblo y partidos políticos' o 'Implicaciones constitucionales de las nuevas tecnologías' y no se sabe en qué momento de su vida se cruzó con el ex-banquero. La boda fue muy íntima y sólo acudieron unas diez personas, entre las que se encontraban los hijos de Conde, los que tuvo con su ex-esposa, que murió de cáncer en 2007.
La boda de Mario es la prueba de que el tiempo lo cura todo y que siempre hay que mirar hacia el futuro. Seguro que recuerdas la entrevista del ex-presidiario en "La Noria" contando lo mucho que amaba a su fallecida esposa, Lourdes Arroyo,  y lo que la echaba de menos. Pues bien, la vida da segundas oportunidades y él lo está comprobando. No sólo ha reencontrado el amor otra vez sino que también está teniendo ocasión de triunfar de nuevo en los negocios. Está metido en una empresa que fabrica aceites de oliva de esos que venden en el Club del Gourmet de El Corte Inglés.
¿Cuál habrá sido el motivo de que la boda se haya desarrollado en un círculo tan limitado e íntimo?, ¿no le llegaba a Mario para un bodorrio en condiciones?. No creo que sea eso porque sólo con los royalties del libro que escribió el año pasado, 'Memorias de un preso', podría haber hecho una boda tipo Lolita sin ningún problema. Será que ahora le ha salido la vena tímida.
Lo malo de estas bodas secretas es que la prensa se pierde lo mejor: los vestidos, los horribles estilismos de las madrinas, los tiernísimos vestiditos de las damas de honor y las caras desencajadas de la fiesta post-ceremonia en la que aparecen los invitado poseídos por el Dios Baco. Una pena.