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Lady Gaga sale al rescate de la melancolía digital

Lady Gaga quiere vendernos las nuevas Polaroids, pero las fotos que hacen no tienen el mismo encanto que las copias únicas y de colores desvaídos de las antiguas.
Hace un año Polaroid ficho a Lady Gaga como directora artística. La empresa parecía querer quitarse de encima el hedor a icono languideciente que tenía desde la digitalización de la fotografía. Hace pocos días la cantante presentaba los frutos de su primer año como musa de la firma: unas gafas-cámara tan excéntricas como ella, una bonita cámara instantánea (digital) y una pequeña impresora. Pero las imágenes que captan esos juguetes pueden ser manipuladas y reproducidas hasta la saciedad, algo que era imposible con las copias únicas que escupían sus antecesoras. Precisamente ahí radicaba su encanto.
Lady Gaga retratada con una vieja Polaroid por Jeremy Kost. (jeremykost.com)
Las gafas, muy parecidas a las que la diva pop luce en la portada de The Fame, parecen ser más un gancho para que los plumillas escribamos titulares impactantes sobre un producto destinado a ser vendido masivamente. Aunque quizá también tienen algo de experimento creativo, pues con ellas podemos jugar a regalar instantes de gloria a todo el que se cruce por delante de nuestras narices (con la ayuda de las redes sociales, claro).
El punto fuerte de la nueva cámara es que permite regalar imágenes que podemos tocar, pues al igual que sus predecesoras trabaja con papel fotográfico. Aunque también muestra cómodamente fotos en la barra de un bar, pues su gran pantalla móvil sirve como marco digital. Su diseño, un aspecto muy importante en un trasto que ha sido presentado como accesorio de moda, es bastante sofisticado y no tiene nada que ver con el de las vulgares cámaras digitales que Polaroid ha lanzado en los últimos años.
A esa mezcla hay que sumar que la máquina incorpora un software que emula, en el papel y en la pantalla, el desvaído aspecto de las instantáneas de toda la vida. Sí, como las aplicaciones para teléfonos móviles con las que muchos le dan un aire retro a las imágenes que cuelgan en Twitter.
¿Nos convencerá Gaga de que las fotos que hagamos con esos cacharros tienen el mismo encanto que las de antaño? Seguramente no, pues precisamente las virtudes de la fotografía instantánea química son su naturalidad y su sinceridad. Y es que con los píxeles llegaron las grandes mentiras y el lifting digital.
Quizá por ello Jeremy Kost ha hecho carrera retratando como hace años a las celebrities. En sus fotos podemos ver a Lindsay Lohan, Paris Hilton o Victoria Beckam tal y como Andy Warhol retrató en su momento a John Lennon, Liza Minelli o a Bianca Jagger: con una vieja cámara Polaroid y sin trampa ni cartón.
Y es que las viejas Polaroid son tremendamente democráticas. Sus colores melancólicos y la luz dura del flash hacen que los famosos aparezcan como los amigos cuyos retratos ponemos en la nevera. Un estilo imitado por fotógrafos como Terry Richardson pero imposible de igualar.
Por eso si quieres hacer como Warhol y su sucesor lo mejor es que pases de los trastos de Gaga. Puja por una vieja Polaroid en eBay y compra uno de los carretes que los chicos de Impossible Project han vuelto a fabricar (en España se encuentran en la tienda Chandal, ubicada en el barrio barcelonés del Raval). Eso sí, si no te resistes a mostrarlas en Twitter tendrás que pasarle el polvo a tu escáner.