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Scarlett a lo Marilyn y a lo Kate Moss

La actriz de 'Lost in Traslation' acaba de protagonizar dos campañas de Dolce & Gabbana y Mango en las que triunfa en dos registros de rubia muy distintos. Analizamos las dos imágenes. ¿Cuál te gusta más?
En el Mediterráneo tenemos cierta obsesión por las chicas de pelo plateado, para que nos vamos a engañar. Si hace poco veíamos que Dolce & Gabbana traían de vuelta a una Madonna rubísima, ahora vuelven a convertir a Scarlett Johansson en un clon del mito rubio por excelencia: Marilyn Monroe. Pero la actriz no sólo protagoniza ese trabajo, también vuelve a posar para Mango haciendo de modelo del conocido Mario Sorrenti.
Siempre que uno ve a Scarlett retratada es imposible no recordarla en 'Lost in Traslation' observando Tokio desde una ventana. La película la lanzó definitivamente a la fama y con ella enamoró a medio mundo. Verla fotografiada de forma tan artificial, como sucede en las dos campañas que acaba de protagonizar, provoca el deseo de recordar a aquella virginal actriz -que, paradójicamente, interpretaba a la esposa de un fotógrafo de moda-.
Cuando Sofia Coppola se disponía a rodar le proporcionó a Lance Acord, el director de fotografía de la película, varias polaroids disparadas por ella misma. A esas fotos debía atenerse Acord para filmar. Logró su objetivo desafiando las normas de iluminación en cine, pues prácticamente sólo utilizó luz natural. La intimidad también era importante. En las escenas en las que ella aparecía sola en la habitación del hotel los únicos que la acompañaban eran Coppola y Acord.
El resultado de todo aquello fue que la película se convirtió en una especie de oda a la espontaneidad y la belleza de la actriz. Quizá por eso desde entonces muchos sueñan con poseer, e incluso corromper, a Johansson. Ella se deja y demuestra que es todo un camaleón.
Haciendo de Marilyn otra vez
No es la primera vez que hace el papel de Marilyn para D&G. Hace un año la cosa era incluso más descarada. La actriz protagonizaba una campaña en la que aparecía disfrazada como Monroe. En esta ocasión la temperatura ambiente sube unos cuantos grados más, aunque sin necesidad de quitarle la ropa. Lastima que se hayan pasado tres pueblos con la ración de Photoshop.
Vale que la campaña venda una línea de maquillaje. Vale que se rinda cierto homenaje a los artificios y la sofisticación del del final de la edad dorada de Hollywood. Pero no era necesaria semejante orgía digital ¡Scarlett tiene 25 años!
Una vez más comprobamos que se elimina hasta el último rastro de la textura de la piel y se altera su tono. No esperamos ver naturalidad en una campaña en la que se busca vender justamente una línea de maquillaje, pero el resultado tiene cierto aire a plástico.
Las tomas, eso sí, son perfectas en lo que respecta a la iluminación escogida, el uso de los colores y por el hecho de que se haya optado por planos medios cortos que nos acercan a la modelo. Pero el planteamiento artístico es pobre, pues carece de imaginación y personalidad. Quizá por eso no se ha revelado el nombre del autor de las fotos.
A lo Kate Moss
Justo lo contrario sucede con las fotos de la campaña de Mango, en las que se ha optado por un peso pesado de la fotografía de moda. El trabajo del conocido Mario Sorrenti destaca por recurrir a crear escenografías de luz muy sofisticadas, bien sea recurriendo a la luz artificial o a la natural. En este caso en la puesta en escena los tonos saturados marcan la pauta.
En las imágenes Johanson se da cierto aire a Kate Moss, la gran musa de Sorrenti. No en vano el fotógrafo llegó a posar con ella mostrándose desnudo y de rodillas. Quizá por ello en la interpretación que ha hecho de la actriz en esta ocasión se resalta su delgadez, mientras que sus curvas quedan en un segundo plano. También es interesante comprobar que las texturas de la vestimenta aparecen perfectamente resaltadas, lo que le da cierto aire de maniquí a la modelo.
Aunque ambas sesiones tienen su morbo nos quedamos con aquella chica atrapada en un hotel japonés. Scarlett seduce, sí, pero seguimos esperando que un fotógrafo la quiera de verdad.