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¿Qué pinta la Obregón en Vanity Fair?

El fotógrafo Art Streiber publica por primera vez en España. Se estrena con una portada de Vanity Fair en la que la revista se disfraza de rosa con Ana Obregón, Carmen Martínez-Bordiú y Antonia Dell’Atte.
¿Qué tienen en común Ana Obregón, Carmen Martínez-Bordiú y Antonia Dell'Atte? Muchas cosas, pero la que aquí nos importa es que las tres aparecen retratadas por el fotógrafo Art Streiber, un conocido de la edición estadounidense de Vanity Fair. En Divinity publicamos y destripamos en exclusiva sus fotos para la edición española, con las que se estrena en nuestro país. Un reportaje que le pone ironía al artículo sobre el periodismo rosa que publican los chicos de Conde Nast. El título ya lo dice todo: "Tinto de Verano".
“Little darling, it's been a long cold lonely winter”, así cantaban los Beatles la llegada del sol en ‘Here comes the sun’. Y es que como ellos decían hemos vivido un duro invierno. Pero ya pasó y ahora toca aprovechar el verano, que tras él vendrá el otoño y con él las noticias oscuras, los tertulianos amargos y los columnistas lúgubres. Bajo las sombrillas muchos sienten que el periodismo rosa en sus distintas variantes es el único digerible con este calor.
Ese periodismo y sus protagonistas son el tema central del número de agosto de Vanity Fair, un asunto abordado con el rigor al que acostumbra la casa. En él aparecen declaraciones de profesionales como Jorge Javier Vázquez, de las retratadas y también de Fiona Ferrer Leoni, Olivia de Borbón y Ariadne Artiles. Tres jóvenes que amenazan el reinado de esas tres maduras divas del papel cuché. Para que la tinta negra entre por lo ojos Streiber ha realizado un espectacular trabajo fotográfico.
Los ingredientes
Tal y como comprobamos en su web el autor está especializado sobre todo en realizar retratos para revistas. Su fórmula es producir imágenes de colores saturados, líneas contrastadas y luces -naturales y artificiales- manejadas con teatralidad. Si cogemos todo eso, le ponemos un punto de Photoshop aplicado sin prejuicios, y lo agitamos tenemos el aperitivo perfecto para degustar un texto periodístico, duro o blando. Y eso gusta mucho a la industria editorial, necesitada de vender revistas a lectores con hambre de imágenes.
Dudamos que Streiber se sienta un artista a lo Annie Leibovitz. Lo suyo es más bien cosa de oficio y de mucha experiencia. Dos cosas que se valoran en un gremio en el que abunda la vanidad y en el que siempre es complicado encontrar a alguien que borde el proceso que va desde la planificación de las foto hasta la entrega del encargo. Lo mejor de su trabajo es que el fotógrafo sabe adaptarse a cada situación, algo que vemos que ha hecho con habilidad en las fotos de Vanity Fair.
No sabemos quién le ha soplado a Streiber de qué va cada una de las retratadas, pero la verdad es que parece que las conociera bien. Pues el planteamiento psicológico del reportaje nos parece muy acertado a la hora de plasmar los sueños de cada una de ellas, que es de lo que va todo esto. La cosa tiene mérito por no ser el autor de estas tierras.
Los denominadores comunes de las tres fotos son el sol y muchos jovencitos. Eso y el Photoshop, claro, cuyo uso no nos disgusta en el presente caso, pues nos parece que ha sido utilizado de la misma forma en la que se utiliza para vendernos una película en un cartel de cine: con un puro sentido del espectáculo. No cabe engañarse con esas imágenes, pues no intentan representar ninguna realidad. Son un puro sueño.
De las tres fotos la que nos seduce más es la de Antonia Dell'Atte, pues el fotógrafo ha sabido conectar con su aire aristocrático. Quizá por ello se la ha ubicando en un escena que situaríamos hace décadas en alguna playa de la Costa Azul francesa o en el Cadaqués de Dalí. El aire exótico de la retratada queda resaltado por esa sombrilla china que aparece en la imagen. Una foto en la que el autor se recrea en el brillo del sol sobreexponiendo un tanto la luz, algo que también sucede en las otras que aquí reproducimos.
La foto de Carmen Martínez-Bordiú también tiene un aire atemporal. En ella se ha optado por una puesta en escena en la que tendemos a imaginarla como una de esas ricachonas de la etapa dorada del capitalismo. Cuando los dólares se cambiaban por oro y Jackie Kennedy cambiaba su apellido por el de Onassis. Es en esa imagen en la única que encontramos algún vestigio de las marcas de expresión, pues ha quedado algún rastro de arrugas en sus ojos.
Las palmeras, un bañador con el que merendarse Malibú y todas esas gafas de sol le dan a la foto de Ana Obregón en las páginas interiores un inconfundible aire californiano, que para eso ella es la que da más espectáculo de las tres divas y a la que más veces hemos visto rodeada de tipos con cuerpos perfectos. En la imagen de portada la ironía llega un paso más allá.
Una portada que es un disfraz
El otro día en Photoshop Disasters le daban caña a Cosmopolitan por la portada protagonizada por Britney Spears, ahora nos toca a nosotros echarnos unas risas con el aspecto que la Obregón luce en Vanity Fair. Pues se la ha sometido a una sesión de maquillaje digital bastante intensa.¡Ni una arruga en el rostro!
Aunque no podemos ponernos en la piel de la gente de Conde Nast, nos parece que ese tratamiento de Photoshop tiene más de ironía que de otra cosa. La pista nos la da ese apoyo de texto que aparece junto a la retratada: "100% corazón".
Y es que esa portada, que poco tiene que ver con lo que normalmente vemos en Vanity Fair, nos parece una suerte de disfraz rosa, sobre todo por el uso de esa seña de identidad del periodismo del corazón que es el famoso programa de retoque fotográfico. Una forma de contarnos que en todo ese espectáculo el verdadero pecado es la falta de humor.