Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Un reportaje de cartón piedra con arrugas de verdad para Norma Duval

Lo de cargarse las líneas de expresión y cualquier atisbo de arruga con Photoshop cada vez está menos de moda. Nuestra cultura visual a estas alturas es bastante inmune a los trucos del programa. Ya no nos tragamos cualquier cosa. Así que el diablo, que en vez de mentir prefiere decir verdades a medias, enseña, aunque sea con trampa, las arrugas de los que salen en el papel couché. Justo eso es lo que sucede en las fotos de Norma Duval que aparecen en la portada de Hola.
En el "espectacular reportaje", como es definido por la propia revista, se pone toda la carne en el asador para demostrarnos, otra vez, lo divinamente conservada que está la vedette, lo maravillosa que es su vida y, por contraste, lo miserable que es la nuestra.
El desenfoque de los fondos es tan intenso, y su figura luce tan descaradamente sobreimpresa en ellos, que cuesta creer que toda esa tramoya no sea fruto de un fotomontaje. Es cierto que en un posado se suelen realizar enfoques selectivos para desvanecer el fondo y potenciar al retratado, un efecto que además puede exagerarse en el ordenador. Pero incluso teniendo en cuenta eso algo huele a podrido en esas imágenes.
En la única foto en la que el fondo aparece definido la imagen de la entrevistada, vestida en plan Barbie exploradora, es como si estuviese pegada entre un grupo de tortugas gigantes. Uno no sabe si reír o llorar al contemplar semejante caricatura de los reportajes de National Geographic. De hecho, desde aquí propongo que la foto aparezca en el implacable y divertido blog Photoshop Disasters.
Reportaje sin credibilidad y que huele a desgana
Y es que los que han realizado ese trabajo parece que lo han hecho con cierta desgana. Ni tan siquiera se ha igualado correctamente la iluminación del entorno con la figura de la retratada. También es llamativo que los pies de ella no aparezcan casi nunca en contacto con el suelo. Los que realizan fotomontajes saben que es recomendable evitar el contacto de un cuerpo sobreimpreso con el fondo al que se añade.
Pues bien, algo no cuadra incluso en las fotos en las que Norma Duval aparece tocando el paisaje. Por ejemplo, cuando posa tumbada en la playa el lugar es imposible de identificar. Podemos creernos que eso son las Seychelles o cualquier playa de mala muerte. Pero, como digo, lo que más llama la atención de la sesión es que, a pesar del abuso de la herramienta de retoque, se haya tomado la decisión de mostrar, aunque sea de forma amortiguada, las arrugas del contorno de los ojos. Esa concesión a un supuesto naturalismo es la única. Todo lo demás es cartón piedra.
Su piel no es que se vea bronceada, ¡es que parece dorada! Además, la intensidad cromática llega a unos niveles que hacen que el resultado recuerde a los carteles protagonizados por las pin-ups de los años 50. Un modelo estético que le sienta tan bien a Katy Perry como mal a la vedette. ¿Por qué a pesar de todo se ha tomado la decisión de que aparezcan reflejadas las arrugas de Norma Duval? La maniobra parece ser una concesión al ingenuo lector o lectora que aún puede sorprenderse con unas fotos así, tan reales como cualquier fotograma de Avatar. De hecho, el reportaje más que espectacular es pura ciencia ficción. Cabe preguntarse hasta cuando los que publican productos de ese tipo podrán seguir sobreviviendo sin cambiar de rumbo. Cada vez es más difícil y está más denostado dar gato por liebre en el menú, y menos cayendo en una puesta en escena tan burda.
Vapuleo a la Duquesa de Alba en el mismo número
A propósito, no deja de ser sorprendente que en esa misma revista encontremos un ejemplo inverso de terrorismo fotográfico: las fotos en las que la duquesa de Alba aparece masacrada por la luz dura e inmisericorde de los flases. Cayetana, que acudió a un concierto de Isabel Pantoja acompañada de Alfonso Díez, se ve como una auténtica zombie. A la grande de España no sólo no la han embellecido ni un ápice, es que incluso la han vapuleado.
Nadie, por bello y joven que sea, quedaría indemne en semejantes fotos. En la edición incluso se ha llegado al extremo de seleccionar alguna imagen en la que la retratada aparece con una mueca siniestra. ¿Qué lleva a la revista a practicar ese doble juego? Cuesta entender un planteamiento tan esquizofrénico.