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El cartel de la última película de Medem: fantasía sin Photoshop

Julio Medem vuelve al cine y la fotografa Ouka Leele crea la foto del cartel de Hotel en Roma. Elena Anaya y a Nathasa Yarovenko, amantes en la película, aparecen desnudas y sin Photoshop
Julio Medem ha regresado tras el fracaso que supuso Caótica Ana con una nueva película: Habitación en Roma. La historia de una noche de amor y sexo entre dos mujeres que tiene lugar en un hotel de la capital italiana. La española Elena Anaya, que ya rodó con el director en Lucía y el Sexo, y la rusa Nathasa Yarovenko, además de ser las protagonistas de la producción también lo son de su cartel, firmado por la fotógrafa más famosa de la movida madrileña: Ouka Leele.
Recrear sobre un papel la esencia de una película es una tarea compleja. Parte del éxito de un estreno está en esa imagen que se difundirá en las carteleras y en los medios de comunicación. La fotógrafa ha usado una estética distinta a la de la película, algo normal al ser un encargo de autor. Una clara influencia es la del famoso cuadro del siglo XIX que muestra a la Ofelia de Hamlet flotando en un lago. Aunque en este caso Anaya y Yarovenko sobresalen de las aguas con una postura sensual, un guiño al erotismo de Habitación en Roma.
Y es que Ouka Leele además de hacer fotos es pintora y ha relacionado las dos artes en su trayectoria. De hecho, recientemente explicaba en el diario El País que “tras la llegada de la tecnología digital, estaba en plena crisis, planteándome dejar la fotografía para dedicarme exclusivamente a la pintura”.
Afortunadamente la artista, que durante años se distinguió por sus fotos en blanco y negro coloreadas con pincel, aprendió a desenvolverse en el mundo del píxel con la meticulosidad de los buenos artesanos. En esa evolución ha convertido en virtud lo que en principio consideró un problema: el haber trabajado la mayor parte de su carrera sin herramientas informáticas. Y eso se nota en la forma con la usa la tecnología actual: sin caer en excesos pero sin renunciar a cierta espectacularidad.
No es un fotomontaje
Uno de los daños colaterales que ha provocado el uso indiscriminado de Photoshop es el de ponernos en guardia cuando vemos imágenes muy sofisticadas, como es el caso de la de este cartel. Pero Ouka Lelee no ha usado el famoso programa para añadir o quitar nada, como se ve en este vídeo sobre cómo se hizo la foto.
Aunque cueste creerlo la imagen no un fotomontaje, ha sido directamente disparada como la vemos. Las herramientas digitales se han usado tras la toma de forma parecida a como se sacaban copias en los antiguos cuartos oscuros de revelado: realizando ajustes de luminosidad, color, contraste, enfoque y poco más. De hecho, en él vídeo se observa al equipo de producción editando pruebas durante la sesión con un programa que usan ciertas cámaras de gran calidad (y que no permite por sí mismo la realización de fotomontajes).
En lugar de añadir elementos digitales se ha usado muy bien la iluminación y se ha recreado en el plató ese escenario fantástico. También se ha recurrido a viejos trucos, como verter leche teñida de azul y así lograr que el agua tenga ese aspecto peculiar. Al ser la imagen un plano cenital eso ha obligado a poner la cámara sobre un andamio suspendido por encima de las dos actrices. Una compleja producción que recuerda a la forma de trabajar de la gran estrella de Vanity Fair, Annie Leibovitz.
En estos tiempos, en los que incluso muchos actores son filmados o fotografiados sobre un croma y luego insertados en un escenario digital, algunos se preguntarán si no hubiese sido más práctico obtener una imagen como esa con métodos informáticos. Probablemente sí, pero el resultado no sería el mismo.
Una buena foto siempre es mejor que un buen fotomontaje. Además Photoshop, a pesar de mentir muy bien, dista de ser infalible y sus efectos se dejan notar. Más allá de aspectos técnicos lo que destaca es un planteamiento artístico muy personal. Que Ouka Leele provenga del mundo del arte y no de la publicidad es algo que se palpa en la foto.
La imagen es un homenaje a uno de los movimientos más antiguos de la fotografía: el pictorialismo. Los que cultivaban aquella forma de hacer fotos en el siglo XIX estaban influidos por el romanticismo y por la pintura de la época. En aquellas imágenes sus autores plasmaban composiciones muy teatrales, como sucede en este caso.
Por todo eso se puede pensar que la foto es también una pequeña venganza de su autora ante la moda de los artificios digitales, que algunos piensan que son indispensables para crear imágenes tan fantásticas como esta.