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Corazones, espadas, calesa de caballos... Diez cosas que NO quiero en mi boda

boda inmadivinity.es
Lo que van a leer a continuación es un post de opinión y gustos totalmente personal y que no representa de forma alguna al medio que lo publica, divinity.es. Digo esto porque soy completamente consciente de que este post me podría traer algún que otro disgusto con novias ofendidas y hasta con decepciones entre mis invitados y no querría llevarme demasiados tirones de orejas, pero es que si no os cuento mis 'noes' rotundos reviento. Comprendo que lo que a mí me espanta posiblemente apasiona a miles de novias, así que léase con humor y condescendencia. Y dicho esto, comencemos con la galería de los horrores:
1. Corazones 'everywhere'
Pero vamos a ver, que todos sabemos que estamos celebrando que una pareja se adora y quiere quererse para siempre, ¿pero es necesario ser tan explícito y tan simple? Admito que un corazón que se cuele en la decoración puede ser un guiño romántico, pero en abundancia me causa absoluta repulsión. ¿Pensáis que no hay bodas tan exageradas? Pues os diré que mi chico y yo dijimos NO a una empresa de catering ¡porque pintaba un corazón con la salsa del solomillo en los platos!
Diez cosas que no quiero en mi boda  - corazones
Montaje con fotos de Pinterest de aquí, aquí y aquí.
2. Invitadas de pseudoblanco
Aviso a navegantes, no va a haber piedad. Toda valiente que se presente en mi gran día de gris perla, beige, marfil o cualquier otro pseudoblanco en sus variantes hueso, roto, nuclear o champagne será invitada a marcharse. En serio, ¡¿es que no hay más colores!?
Invitadas de blanco
Fotos Pinterest de aquí, aquí y aquí.
3. Partir la tarta con una espada (o con un sable láser)
Ojiplática me quedé cuando el dueño de una finca le guiñó un ojo a mi chico y le dijo que ellos ofrecían la opción de partir la tarta nupcial con una espada láser. Casi hago la croqueta a lo Mila Ximénez. Y luego voy y descubro que es el último grito en el sector. Pues bien, NO. Me niego en general a posar ante una tarta de poliespan, empuñar una espada entre los dos y, para colmo, que nos manchemos las narices mutuamente de nata. Me entra la risa sólo de imaginármelo.
La tarta de los Beckham
4. Paquito el Chocolatero, Mayonesa y La Macarena
Nuestro Dj se ha apostado conmigo lo que va a ganar pinchando en la boda a que de madrugada, ron con limón en mano, voy a ir a su cabina rogándole que ponga al menos dos de las quince canciones que he vetado. Él es el experto, claro está, pero permitidme que dude que vaya a regalar tres minutos a King África, a María Jesús y su acordeón o a Paquito el Chocolatero. O, rizando el rizo, Paquito el Chocolatero cantado por King África: mátame camión.
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El horroroso vídeo, aquí.
5. Las frases de cuñado
Por favor, ruego que se abstengan de pildoritas tales como 'por cada tres bodas hay dos divorcios' o 'mi más sentido pésame para el novio'. No es que yo sea la mujer más romántica sobre la faz de la tierra, pero tampoco me apetece lidiar con este tipo de recochineo. Sé que no podré echar a los 'cuñaos' de la boda como a las invitadas de pseudoblanco, pero advierto, a la mínima que me aburra de este tipo de gente... ¡hago una pirueta y desaparezco!
6. Llegar en calesa de caballos
Yo creía que el bochorno máximo que podía vivirse en una boda era el momento partir la tarta nupcial con espada, pero es ampliamente superado por el de abandonar la ceremonia en calesa de caballos. No me malinterpretéis, que si estamos hablando de dos novios andaluces, rocieros y/o flamencos yo soy la primera que me emociono con el trote de los los percherones, pero en Madrid y sin haber visto un caballo desde la 'granja escuela'... pues NO lo veo. Que me perdone Tamara Gorro por la foto, que yo soy muy fan suya.
Calesa de caballos
7. Alfileres para ellas, puros para ellos
Me niego en rotundo a regalar alfileres decorados que no sirven para absolutamente nada, aunque sea una tradición milenaria. ¡Si no sé cogerme el bajo del pantalón! Y no puedo con la imagen rancia de repartir puros entre los hombres, así que el que quiera fumar que los lleve de casa (se siente).
8. Damas de honor
La crisis más grande que por el momento he vivido con respecto a la boda ha sido con el rojo, o más bien contra el rojo. Seis amigas, de golpe y porrazo, barajaban ir de rojo a la boda, exactamente las seis del mismo tono de rojo, rojo pasión. Llamadme histérica, pero es que ellas bromeaban con que iban a parecer las damas de honor y a mí se me cogía un nudo en el pecho y un tic en el párpado que creía que me ahogaba o se me desprendía la retina o todo a la vez. Por suerte, entre que al final unas cambiaron de idea y otras al final no se vieron con el estilismo, recuperé la calma. Por favor, NO a esa americanada de las bridesmaids.
damas de honor
Damas de honor salidas de Pinterest.
9. Sillas fantasma
Vaya arte el que inventó las sillas fantasma, como leí por ahí que se les llamaba, con su sábana blanca y rematadas con un lazo. No quiero ni imaginar el grado de fealdad de la silla, para que esté mejor con semejante disfraz. Seré tiquismiquis, pero NO confié en ningún gran proveedor que en su dossier de presentación me incluyese orgulloso este tipo de sillas.
sillas fantasma
Sillas fantasma, vía Pinterest.
10. Cortar (y vender por trozos) la liga y la corbata
Es indescriptible el espanto que se siente cuando los amigos de los novios se acercan a tu mesa con la liga de la novia y la corbata del novio hechos trocitos, con la intención de que hagas un donativo a la pareja a cambio de quedarte con una pieza del puzzle de recuerdo. Que entiendo la euforia y todo eso, pero mantengamos un poco las formas, digo yo. Y agárrate a la silla, porque puede ser peor: hay bodas en las que al novio le cortan también los calzoncillos.