Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Cesc Gay: "Hay que saber surfear el amor"

mmdivinity.es
Cesc Gay tenía una vecina alemana ruidosa. Su mujer y él la escuchaban hacer el amor a menudo, atónitos por el volumen. El suceso no hubiera pasado de ser una divertida anécdota si el director de 'Truman' (cinco cabezones en los últimos Goya) no se hubiera encontrado a su hija de cinco años desconcertada en el salón, sin saber qué sucedía. Aquel fue el germen de 'Los vecinos de arriba', su primera obra de teatro, una comedia que habla, mientras te ríes, de la desintegración de una pareja. ¿Cuándo se sabe que algo está demasiado roto?
Así que basada en hechos reales…
La verdad es que sí (risas). Tenía una vecina ruidosa y eso generó un debate en casa sobre qué hacer: si hablar con ella o no y lo que implicaba escuchar a alguien… en esa situación. Sobre todo con respecto a mi hija, a quien me encontré en el comedor mirando hacia arriba, preguntándose qué pasaba porque no entendía nada a sus cinco años… Ese fue el germen. A partir de ahí, el resto es ficción: nadie bajó a mi casa a proponernos orgías (risas).
¿La vecina sabe que existe esta obra?
Creo que no, al menos nunca me ha dicho nada. Es alemana y viaja mucho. De hecho coincidí con ella hace poco en el ascensor y fue muy curioso.
mmmm
¿Te lo has pasado bien con este proyecto?
Ha sido muy interesante la experiencia. El cine es algo muy militar, en el sentido de un ejército que comandas. Este tipo de teatro es más íntimo, muy familiar, como un ‘unplugged’ de un músico. Eso me ha gustado mucho, la sensación de ir construyendo día a día algo con tu gente, es más orgánico. Lo que menos me ha gustado, pero por un problema mío, es que hay que  entender que, como director de cine, tienes un control y una capacidad de manipulación brutales que aquí no tienes. Al final somos unos pequeños dictadores. Aquí hay un pacto necesario con los actores, que son quienes lo sacan adelante cada día, y tienes que asumir que cada función tiene una energía y es diferente cada vez.
¿Te gusta controlarlo todo?
Es que el cine te lo exige. Las decisiones que vas tomando son como un dominó: ya no hay vuelta atrás. Las cosas se fijan y se quedan ahí para siempre, por eso me parece tan aburrido ver una de mis películas y nunca lo hago.
¿Tu chica interpretó el papel protagonista Candela Peña en Barcelona, no?
Sí, Ágatha es una comediante fantástica y eso no es fácil de encontrar. Esta es una obra dura, un combate entre una pareja con toques de humor, y estuvo estupenda en Barcelona, que fue donde debutamos, además de ser parte íntima del proceso de creación, claro.
¿Un combate?
La obra justo es eso, un tsunami emocional. Se ve una pareja desintegrándose por momentos…
¿Crees que algunas parejas saldrán tocadas del teatro?
Es obvio que si vas a una obra que habla de cosas que te tocan, ya sea porque estás en pareja o porque quieras hacer orgías (risas), te puede dar por hablar de cosas.... Pero eso siempre me pasa con mis obras: hablo de las emociones de la gente normal. Aunque un amigo me dijo más bien que lo que las parejas harán será follar (risas).
¿Cuándo se sabe que algo está ya demasiado roto?
No lo sé, fíjate… (pausa). Si cada uno piensa en lo que le ha pasado en la vida seguro que tiene referentes diferentes de ese momento tan doloroso. Es diferente si te dejan o si dejas tú, cuando los dos lo deciden a la vez… Lo que sí sé es que te resistes a ello: hay un punto siempre de querer salvarlo, de lucharlo. Los finales son complicados y los rehuyes, sobre todo si hay niños por el medio. Y eso es lo que les pasa a los personajes de la obra. Aunque siempre hay gente que no le importa y deja las cosas a saco.
¿Eres de pelearlo?
Sí. Te puedes acabar rindiendo, pero soy más de luchar por una relación. Quizá ahora hay un exceso de intercambio, de rapidez, te cambias del móvil a la mínima, está muy presente lo virtual, todo es muy efímero…Y yo me resisto. Intento ser un poco más peleón para sostenerlas. Por otro lado, si te fijas en otras parejas separadas tampoco les ves mucho más felices. Es complicado… Yo soy más de paciencia y menos de orgullo. O igual es un exceso de romanticismo, no lo sé.
¿El amor siempre es el motor?
¿De la vida? No, para nada. A veces sí, pero muchas no.
¿Cómo el amor que has querido plasmar en la obra?
Más que un amor concreto, he querido plasmar ese momento en el que hay una ausencia de amor en un matrimonio. Lo personajes no entienden que pasas por muchos momentos en una relación y hay que saberlos surfearlos, entender que las olas suben y bajan. Hay que saber surfear el amor cuando llevas mucho tiempo. Vas cambiando, ella también. Es delicado y hay que estar atento.  Es una obra dura.
Repites que es una obra dura, pero te ha salido una comedia…
Es el mejor modo de abordarlo, es la ventaja del humor. Y ese equilibrio entre la risa y el drama es el delicado, un poco como Truman. Puedes estar escribiendo algo dramático, pero si quieres que llegue de verdad tiene que hacer reír.
¿Te has salido con ‘Truman’, no?
Sí (risas). Nunca sabes qué va a pasar con un trabajo. Yo siempre pienso: ‘ojalá no hagas el ridículo’. ¡Es tan complicado que salga todo bien!
¿Es lo mejor que has hecho?
Eso no lo sé. Ya me he olvidado un poco de ella y he pasado a lo siguiente. Tiene cosas que me gustan mucho, está quizá más cerrada, es más sólida, pero eso también te lo da los dos actorazos que tenía o la propia temática. Pero no sé contestarte a eso, ya no busco la satisfacción, es algo que no va directamente relacionado con el trabajo: he tenido la suerte de poder hacer películas y las hago. Hay que saber surfear también las películas.