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Bienvenidos a la generación que creíamos que crecía en igualdad

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Chicas que no se ponen más un jersey que antes les encantaba porque resulta que a su novio no le gusta. Adolescentes que tiran una falda porque a su chico le parece demasiado provocativa. Niñas que le dan a su pareja las contraseñas del móvil para que vean que no tiene nada que ocultar y que no whatsappean con otros chicos.
Bienvenidos a la España moderna del Siglo XXI. Bienvenidos a la generación que creíamos que crecía en igualdad. Pasen y vean a los adultos del futuro; adolescentes que hoy creen que el lugar de una mujer está en casa con su familia (uno de cada cuatro, según una encuesta reciente) y que es el hombre el que debe tomar las decisiones importantes en la pareja (uno de cada diez). Y no se crean que los encuestados son todos hombres varones de género masculino. Asusta pensar la gran cantidad de adolescentes chicas que también consideran que su papel es la casa y la familia.
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¿Qué haríais por amor? preguntaron a jóvenes de instituto un grupo de investigadoras de la Universitat de Les Illes Balears. Ellas no dudaron: “Lo haríamos todo”. ¿Cambiaríais de trabajo? “Sí, trabajos hay muchos”. ¿Y de ciudad? “Claro, lo importante es estar con la persona que quieres”. Preguntados por lo mismo, ellos pusieron más pegas. “Bueno, vamos a hablarlo con calma”, contestaron. ¿El trabajo? “Si ella me lo pide es que no me quiere”. ¿La ciudad? “Me tiene que querer por lo que soy”.

Las conclusiones del estudio, dirigido por Aurora Leal, indican que, ya desde la adolescencia, tanto los chicos como las chicas conciben el amor de una manera completamente diferente. Ellas están más ligadas al romanticismo, su ideal de relación deseada implica cosas en común y respeto. Una chica dibuja el vínculo perfecto como aquel en el que, limpiando la casa, rompe el escudo del equipo de fútbol favorito de su chico y él no la regaña. Ellos tienden más hacia el sexo –”nos sentamos en una butaca doble y no acabamos de ver la película”, imagina uno de los entrevistados– y a una relación confortable y sin problemas.
“Mi chico me quiere mucho”, me decía hace poco la hija adolescente de una amiga. “Qué suerte. ¿Y cómo lo sabes?”, pregunté. “Porque sé que le importo. Porque se pone celoso si me ve con otros chicos. Porque me llama a todas horas para ver si estoy bien”, respondió convencida. Ahí estamos: no lo llamemos amor cuando queremos decir poder y control. Ellas son las nuevas princesas secuestradas, el mito del amor romántico que alimenta la violencia de género.
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Algo seguimos haciendo mal cuando 2 de cada 10 chicos menores de 30 años creen que el hombre agresivo resulta más atractivo para las mujeres. El control de los adolescentes varones y el ofrecimiento de dominación de las chicas como si fuera lo más normal del mundo es el inicio de algo muy peligroso. Es el inicio de las 70 mujeres que son asesinadas cada año en España sólo por el hecho de ser eso, mujeres.
Querido David Cantero, te lanzo aquí la primera pregunta de este blog circular escrito a cuatro manos y dos géneros. Tú tienes tres hijos, varones, ¿te da miedo que actúen así?