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La primera Miss que sale del armario, ¿es relevante? Desmontando tópicos lésbicos

Patricia Yurena, Miss España 2013 y primera dama de Miss Mundo, colgó en pleno subidón de amor una imagen a punto de besarse con su chica, la cantante Vanesa Klein. Y se armó. A las pocas horas, la prensa española y Latinoamericana se hacía eco en masa y lo traducía a un titular: una miss sale del armario, la primera. Pero, ¿por qué ha sido tan notorio? ¿Qué sorprende del hecho? ¿Que haya una lesbiana femenina, sexy y a quien le gusta la moda? ¿Estamos en España ansiosos de referentes? Desmontemos algún que otro tópico lésbico.
lesbian chic
"Hice la publicación [de la foto] con toda naturalidad y de forma impulsiva. Les agradezco las muestras de apoyo y más aún que se alegren de mi felicidad. Gracias!!", escribió Patricia Yurena en su Instagram. Fue dos días después de subir una imagen (esta de arriba). Su novia, la cantante Vanesa Klein, que tiene una voz prodigiosa y que estos días canta en Dubai en el club del diseñador Cavalli, colgó la misma.
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Un gesto espontáneo que ha recibido miles de muestras de apoyo. Y algún que otro insulto troglodita. Nada muy novedoso en realidad, pero que ha creado una bola de nieve mediática. Pero, ¿por qué sorprende tanto que a una Miss le gusten las chicas? Parece obvio que los tópicos juegan su papel: quizá no esté de más recordar que no todas las lesbianas visten con camisas de cuadros, aunque sean bien bonitas y estén de moda. Todo parece indicar que estamos asistiendo, si las cosas siguen su curso, al nacimiento de un nuevo icono lésbico en España, escaso de referentes más allá de... de… ¿Ellen DeGeneres no cuenta, no?
La última salida del armario bomba, aunque internacional, fue la de Helen Page, harta de lo que denominó "la mentira por omisión". Jodie Foster también se había cansado de 'omitir' en los anteriores Globos de Oro, pero Page fue más sobria, con un discurso al estilo Obama. Y lo hizo en un lugar tan simbólico como la Conferencia de los Derechos Humanos el día de San Valentín. Dijo cosas como esta: "Siento que tengo una obligación personal y una responsabilidad social". O esta: "Hay gente que va a la escuela todos los días y les tratan como a una mierda sin razón". O también: "Hollywood establece estándares de belleza, de éxito. Estándares que, odio admitirlo, me han afectado".
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Algo parece estar cambiando. Aunque no todo el mundo se pone de acuerdo en cuánto o hacia dónde. Sin ir más lejos, la tendencia 'lesbian chic' vive horas especialmente felices. Cara Delevigne es su ejemplo más recurrente (abajo sus últimas fotos para Yves-Saint Laurent con la modelo Ondia Hardin), pero no es la única que aprovecha el tirón. Ser lesbiana (o hacérselo un poco) mola. Lo dice hasta la alta costura: es peligroso, sexy, transgresor, glamouroso, provocador.
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Lo cierto es que esta mayor presencia lésbica unida a marcas, con tintes sofisticados, ha sido celebrada por muchos como una apertura a la visibilidad. Pero no todos están de acuerdo, sobre todo cuando los besos se dan entre mujeres heterosexuales y por contrato. Una mirada más profunda al fenómeno por parte de sociólogos viene a decir que no es sino la repetición de "estereotipos lésbicos artificiales y conservadores”. Y que, además, relega de nuevo a la invisibilidad a las lesbianas masculinas, que no se ajustan a los cánones de belleza mayoritarios. Esos de los que hablaba Page.
También indican que este márketing 'chic' está hecho para el varón heterosexual, de mediana edad y blanco, el target que mueve el mundo con su tarjeta de crédito. Un ejemplo fue la reciente portada para 'V' de Rihana y Kate Moss, con bien de tópicos, látigos y cuero. Vamos, algo que ya inventó Madonna hace mucho con aquel beso con Britney y Aguilera. Pero, ¿qué es mejor? ¿Qué haya cada vez más presencia de chicas amando a chicas con naturalidad o que no? ¿Por dónde se empieza a mover el cambio?
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La prestigiosa revista Tatler ya dedicó su número de hace un par de años al universo lésbico, con una imagen de Chavela al estilo Warhol en la portada. Kate Reardon, la editora de la publicación, explicó el motivo por el que había elegido el enfoque: "Las reacciones de la sociedad frente a dos mujeres besándose pasa lejos de la naturalidad. La gente se siente amenazada o excitada con la idea de una mujer homosexual", añadía.
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La intimista película 'La vida de Adele', con Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos y que consiguió la Palma de Oro en Cannes, también ha tenido su particular dosis de debate. Para unos no eran necesarias escenas de sexo tan explícitas, sobre todo porque estaban armadas desde la mirada heterosexual masculina del director, pero para otros esta historia de amor adolescente ha supuesto un antes y un después en el tratamiento de la homosexualidad femenina, que en Hollywood suele encarnarse en 'femme fatales' que acaban cometiendo algún atroz crimen. 'Los chicos están bien', con Annette Bening y Julianne Moore en el papel de un matrimonio con dos hijos, fue la primera historia sobre lesbianas dirigida por una lesbiana que optó a los Oscar. Y apenas tiene cuatro años.
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Queda mucho. Y en España, más. A pesar de que el matrimonio homosexual llegó en 2005 (ha habido más de 30.000 bodas gays desde entonces) y somos un ejemplo en derechos, las lesbianas conocidas no suelen dar el paso de hacer pública su condición. Al menos no a lo DeGeneres. Solo por eso, la foto de Patricia Yurena y Vanesa Klein adquiere relevancia positiva, sobre todo por la naturalidad. Puede intuirse también un cambio generacional en el tratamiento de la intimidad: Yurena tiene 25 años.
Periódicos como El Mundo publican periódicamente listas con los gays más influyentes (no siempre con su permiso), entre los que suenan nombres recurrentes como Elena Anaya o Sandra Barneda. Pocas empresarias, directivas y deportistas. ¿De verdad no hay mujeres homosexuales en esos ámbitos? ¿Existe esa 'responsabilidad social' de la que hablaba Page o cada cual tiene derecho a vivir su sexualidad en privado sin la obligación de convertirse en un estandarte?
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