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Empiezo por mí

Tenía que pasar. Un día alguien me miraría a los ojos y me soltaría “¿y porqué no hablas de lo tuyo?”. “¿Lo mío?”. A buen seguro yo pensaría en algún amor innombrable –no, no puede ser, soy una tumba y él un sarcófago-, apretaría los labios y me encogería de hombros.
“Sí, Teresa, en cómo haces para mantenerte. Tus… arreglitos. Ya sabes”. “¿Arreglos, yo? Pero si soy un nudo con patas. Un tremendo lío imperfecto”. Al otro lado me darían por imposible. Aunque puede que contara diez, veinte, trescientos cincuenta y ocho mentalmente antes de animarme a decir la verdad.
Puede que mi interlocutora fuese más inquieta que yo –mira que sería raro-, más arriesgada  –esto resulta fácil- y soltase “¿Y si lo explicas en voz alta?”. Entonces quizá dudase y al final… puede que contestara que sí, que porqué no narrar lo que me ronda dentro, porque ver desfilar la vida y no compartir lo que te deja a su paso sería cicatero. Cultivar la ficción es formidable, pero el diario de a bordo que hoy empiezo aventura algo enriquecedor.
Teresa Viejo
Confieso que me interesa curiosear lo que me oferta el destino. Mucho. Y esta mirada permite aprender y reacomodar las arrugas. Olvídate si crees que son caprichosas, para nada: van en caída libre si no cesas de llorar y se vuelven horizontales al reír o si guiñas los ojos para enfocar lo que tienes delante. Tú puedes modelar tu rostro y tu alma.
“¡Bien, ya lo estás haciendo! Estás hablando de lo tuyo”, aseguran mis interlocutoras que ahora son varias, imaginativas y con ganas de saber. “Sois Divinity´s”, respondo, y ellas sonríen con arruguitas horizontales. Me gusta las mujeres con las cuales creo un lazo de solidaridad que no precisa palabras. Y me encantan los hombres que no se sienten raros si lloran.
Acabo de darme cuenta que quizá no me conozcas o tengas una idea de mi concebida a través de alguna etiqueta profesional, por lo que voy a colocarme ante el espejo y te diré lo que hay: una mujer hipersensible, intuitiva y confiada. De sonrisa y lágrima fácil. Intensa. Apasionada. Lectora voraz. Que agarra al tiempo un lápiz y el iphone. El periodismo no es una profesión, sino una actitud. Me gusta escribir cartas y si las recibo, ruego sean de amor. También libros. Adoro los perros y el mar. Lala, mi Golden de quince años, practica el happy aging. Y si no das conmigo búscame en Tarifa, donde siempre me arrastra el viento.
Sabina canta que “lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adición”. Desde aquí te propongo dar la vuelta al verso, porque algunos besos curan heridas y cumplir años puede ser adictivo. ¡Happy Aging!
CARTELA HAPPY AGING 1