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¡Tú también puedes!

Teresa aperturadivinity.es
La casa familiar tiene una fachada de piedra y un tejado a dos aguas sobre el que cada año se reproduce el mismo ritual: a la seca enredadera -una ampeloplis llena de nervaduras que culebrean entre las tejas- le nacen unas callosidades verdes que, de un día para otro, revientan dando paso a las hojas que cubrirán en un mes el exterior de la vivienda.
Para mí la muerte del invierno es una enredadera reinventándose. Suceda lo que suceda, encare la primavera ilusionada con nuevos proyectos o algo aburrida de los que tengo entre manos, el termómetro del cambio lo marca el dichoso arbusto.
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Una vez me dio por arrancarlo. Mis padres acababan de comprar la casa y el pequeño jardín era una escombrera. El único vestigio de uso eran las ramas en apariencia secas que recorrían la fachada como una red venosa. Tiré de una y, de inmediato, unidas como estaban unas a otras, las demás se vinieron abajo. Me sentí pletórica arrancando aquella 'cosa' que, a mi juicio, afeaba la edificación. Pero durante la primavera, en mitad de la reforma, aparecieron hojas como por arte de magia y las ramas revivieron rebosantes de sabia. Entendí que no hay fuerza más tozuda que la de la naturaleza. 
La moraleja la puedes aplicar a todo. Existe una fuerza imparable que agita desde dentro la propia vida, que doblega a la adversidad, que pugna por salir adelante, y si bien incluye cierto determinismo, también es verdad que esta tenacidad se puede aliar a ti para alcanzar aquello que desees. Piensa en algo primordial, analiza el modo en que podrías alcanzarlo y visualízalo como si lo hubieras conseguido. Obsérvate a ti mientras disfrutas de ese alcance y trata de saborear interiormente el placer de haberlo logrado. Repítelo tantas veces como necesites, hasta que logres convencerte de que su logro es solo cuestión de plazos.
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Aparte de la naturaleza, el tiempo también es cabezota cuando trata de imponer sus criterios. No obstante yo tiendo a tenderle trampas donde me consiento sentir que mando algo sobre él. Es una falacia, lo sé, pero el autoengaño a veces funciona. Por ejemplo, años atrás usé ortodoncia y recientemente he vuelto a ella. Hasta hace bien poco gastar aparatos dentales era propio de una edad en que todo estaba por hacer, pero ya no; la convicción de que aún estamos a tiempo de modificar aspectos de nuestra salud, de nuestro comportamiento, relaciones o hábitos, no debemos perderla nunca. La extraña regresión de mirarte al espejo gastando 'brackets' como a los 20 años, desata en mí un grito de guerra: "¡Tú también puedes!". ¿Te animas a repetirlo conmigo? A modificar tu mordida, cambiar de trabajo, viajar sola o enamorarte de nuevo.
Mi idea de 'Happy Aging' me lleva una reinvención permanente. Como la enredadera de la casa.