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De sapos y princesas

Lo confieso: creo en el amor romántico. En esa estúpida teoría que habla de dos que encajan como piezas de un mecano.
Creo que el amor saca de ti lo mejor, y que lo mejor a veces es lo que otros consideraban antes lo peor porque quien no satisfizo a una persona puede convertirse en una balsa de aceite para otra. Que es capaz de ahuyentar los demonios de ambos y que alumbra ángeles en el mismísimo infierno. Bien es cierto que también existen lxs psicópatxs, torturadorxs, maltratadorxs y demás, pero esta fauna me la guardo para otro post.
Creo que alguien, un ser considerado sapo hasta ese momento, se trasforma en príncipe por arte de un beso. Sí, durante unos segundos. Hora y media. Un verano o un semestre. El calendario es tan elástico como aquella lengua saboreándote.
Creo en buscar, porque quien rastrea halla. Y en dejarse encontrar así como quien no quiere la cosa. Por ello creo que el abatimiento y la acritud no van a ningún sitio porque a la larga el destino te enmienda y caes en brazos del amor maduro como una adolescente.
Creo en los dedos entrelazados, en las miradas que derriten, creo en el tacto y el poder del "juntos". Creo en el seso tranquilo y en el sexo a mil.
Creo en esto y más, hasta que Verónica Alcanda (alcandamatchmaking.com) deposita un cargamento de Goma 2 bajo el felpudo del romanticismo y lo hace trizas. La Celestina del Siglo XXI tiene unas ideas muy suyas.
¿Terminará traduciendo el flechazo a una fórmula matemática? No te pierdas nuestra charla. Son tres minutos sin desperdicio que te harán posicionarte. Retrátate, ¿estás con ella o conmigo?