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'The Affair' o cómo tiene que ser una mujer infiel para que no la miren mal

'The affair' me gusta y me enfada. Me la he tragado entera y en cierto modo me gusta cada vez más (mejora la segunda temporada), pero no puedo evitar estar cabreada con la serie. El punto de partida es contar una infidelidad (aviso: contiene 'spoilers') desde el punto de vista de dos adúlteros: Noah (él) y Alisson (ella). Vaya por delante que el trabajo sobre el punto de vista es bueno y no sólo no decae, sino que progresa en los últimos capítulos.
El problema es que la serie parte de la base de que para que una mujer adúltera sea narrativamente verosímil debe tener problemas mentales, ser muy desgraciada en general, estar atravesando además una situación límite, tener una oscuridad interior difícil de dominar y… alguna cosa más que ahora os cuento.
En cambio, ¿qué necesita un hombre para ser adúltero? Pues, según la serie, básicamente con ser tío basta para que comprendamos su necesidad congénita de sexo extramatrimonial y expansión seminal. Noah, el adúltero, está un poco agobiado por la rutina y eso. Es padre de cuadro hijos a los que adora, está felizmente casado con una mujer a la que quiere y le excita, tiene un trabajo de profe y además escribe novelas y tal. Atraviesa la típica crisis de los cuarenta y, por este motivo, en unas vacaciones de verano va a tener un rollo con Alisson (la adúltera) poniendo en peligro todo lo anterior. Genial, Noah.
La adúltera, en cambio, para que sea creíble necesita estar profundamente deprimida. ¡Cuánta daño hace la ideología yanqui a excelentes personajes!. Por supuesto tendrá un trabajo basura, qué menos, a sus treinta y tantos. Pero eso no es suficiente. Además, ha tenido una desgracia personal suficiente como para que una mujer ponga las cuernos a su marido. ¿A alguien se le ocurre alguna? La muerte de un hijo de seis años es la elegida por los guionistas. ¿Será suficiente? Quizás no, tengamos en cuenta que se trata de una mujer. Añadamos además que la madre se siente culpable de esa muerte y negligente de la misma, de hecho es uno de esos accidentes 'evitables'.
Es suficiente con que una mujer tenga su vida hecha pedazos para que busque desahogo en un rollo. Evidentemente, no. ¿Cómo podría engañar a su maridito? Bien, el marido de Alisson, que además está bien bueno (es el de la toalla) la obliga a traficar con cocaína.  Seguramente habrá quien piense que estoy de broma, que eso sí que es inverosímil, pero así es el guión. Es un ingrediente necesario para que pueda caber en nuestras cabezas que Alisson, una mujer, se decida a follar más allá de la familia.
¿Será suficiente con una vida hecha pedazos, un trabajo basura y un marido narco que le obliga a traficar en contra de su voluntad? No. Por supuesto que no. Alisson tiene que estar visiblemente deprimida, autolesionarse (se raja las piernas para callar su dolor sordo con heridas vivas) y explicitar además explícitamente su deseo de morirse. Morir o follar. Esa es la cuestión cuando se trata de adulterio femenino. Y aún así, ¡aún así!, en la serie son juzgados los dos por igual. El caballero antes descrito y esta mujer.
Por suerte, ambos deciden apostar por el buen sexo, tan agradecido en las series . Aquí no defrauda, todo hay que decirlo.
En fin. Podemos reflexionar sobre por qué las reglas de juego no son las mismas para hombres y mujeres e incluso celebrar (como he leído en no pocos blogs expertos en series) que 'The Affair' nos hace reflexionar sobre la visión que el patriarcado nos obliga a tener sobre las mujeres ('¡Tócate el C*, Manuela!'). Vamos, que The Affair es una serie feminista. Ja, ja, ja. Personalmente prefiero que los formatos generalistas reflexionen sobre el patriarcado a partir de personajes femeninos que vivan normalmente fuera de las supuestas "reglas de juego machistas" y que, a ser posible, se las salten todas.
Me imagino una serie sobre infidelidad donde una mujer felizmente casada, con cuatro hijos a los que adora, un trabajo decente y obra publicada como autora, se líe con un camarero más joven que ella en las vacaciones familiares sin otro motivo que sus propias ganas.