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Guía para homenajear a las mujeres en general o a la que tú quieras en particular

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Últimamente las mujeres recibimos muchos homenajes. No sé si soy la única que se los encuentra todo el rato o si más gente tiene esta sensación de celebración superficial y permanente. Mujeres deportistas, mujeres directivas, mujeres con cáncer, mujeres poetas, mujeres maltratadas… Da igual si es para celebrar, para solidarizarse o para cumplir la cuota, pero el caso es que las campañas se multiplican en las empresas, en los medios, en los blogs, en las familias…

Confieso que a mí casi siempre me decepcionan. Y no es que esté en contra de la idea del homenaje. Al revés, la idea siempre me suena bien. Pero la ejecución termina por parecerme una 'cagada'. Los homenajes a las mujeres son algo así como la Navidad a las familias: todo brilla. Pero todo, todo. Hasta lo que está mal todo el año.

Sin embargo, este verano he encontrado un homenaje impecable a las mujeres científicas portuguesas en el Pabellón del Conocimiento de Lisboa. Tan bien hecho, tan de quitarse el sombrero, que me animó a contar aquí cómo Sí se hace un buen homenaje a las mujeres.

Pues eso. Así SÍ se hace un homenaje a las mujeres. Aprendiendo de los vecinos portugueses:
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1. El homenaje tiene que ser DISCRETO. Celebración y mesura deben convivir. Obligatorio. A menudo los homenajes pretenden ser tan impactantes y sentidos, tan grandilocuentes y tan súper creativos que el autor del homenaje termina siendo su protagonista. Al final no sabes si la medalla se la pone la mujer que sube al estrado o la institución que se la cuelga.
Premiar a las mujeres está tan bien considerado que da un poco la sensación de moscas a la miel. Fatiga. El homenaje perfecto que aquí tratamos consiste en una exposición de retratos de científicas portuguesas hechos por la fotógrafa Luísa Ferreira, expuestas en la pared del pabellón del conocimiento, en una sala oscura donde la gente va a cacharrear con todos los experimentos y no a mirar las paredes. Están para quien quiera verlas. Discretas, presentes. En su lugar: entre cachivaches y experimentos y niños y niñas tocándolo todo.

2. La parte y el todo. Siempre que unas cuantas mujeres representan a unas muchas, terminamos conociendo los cargos, la biografía, los retos concretísimos y los premios de la muestra seleccionada. Error. Porque en estos casos trata de un homenaje a la muestra y desprende un tufo personalista que termina por ser una faena hasta para la muestra seleccionada, que despierta envidias entre sus colegas (¿por qué ellas y no yo?) y encima no reciben un homenaje personal como es debido, dado que se supone que representan a muchas.
Por alguna extraña razón, cuando se trata de mujeres, se cree que por hacer un homenaje a unas cuantas tipas se tienen que sentir homenajeadas cien mil. Error. Distíngase siempre si hablamos de una parte o del todo. Las dos cosas pueden resultar bien, pero no son lo mismo. En España SIEMPRE se confunden. El de Lisboa es un homenaje a todas a partir de una muestra. Así, conocemos de las elegidas su nombre y su profesión impreso sobre cada fotografía. Ni premios, ni empresas ni trayectoria personal. Las medallas personales no vienen al caso cuando representan a muchas. Importante. Ninguna de las seleccionadas es famosa. Las famosas bastante tienen con representar su personaje.
3. Nunca, nunca, PERO NUNCA preguntar a las mujeres por su condición de mujer en los homenajes. En un homenaje español a mujeres científicas se les hubiera preguntado por la condición de mujer en la ciencia. En uno sobre mujeres directivas sobre la condición de la mujer en la empresa y así hasta el infinito. Error. Asco. Pereza. Aquí se pide una reflexión de tres líneas sobre su profesión. Un entrecomillado a pie de foto. Y fin. Y bien. Lo de convertir a cualquier mujer (ya sea alpinista o alfarera) en experta en identidad y género hace que terminemos por parecer tontas (no todas estamos interesadas y versadas en temas de género) y encima es un aburrimiento.
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4. Vale. Vas a hacer un homenaje s a un grupo de mujeres profesionales (ese clásico de las revistas femeninas): ¿podrías por favor eliminar el foco de su ropa y de su cuerpo? Tú haces un homenaje (o premias) a mujeres por cualquier motivo y al día siguiente tienes a un montón de expertos comentando sus estilismos.
Así se trate de una ingeniera aeronaúticas que recibe el Príncipe de Asturias por atravesar un agujero de gusano en el espacio. La pregunta del día después no varía: la americana que llevaba era de Zara, ¿verdad? Genial la idea de Luísa Ferreria de unificar la identidad visual de sus proyecto con el blanco y negro. Que la mirada no tenga por donde escurrirse: mujeres y ciencia, no hay más.

5. El homenaje mola más si se hace en el sitito correcto. Es muy perfecto que el Pabellón del conocimiento (Ciencia Viva) haga un homenaje a las mujeres científicas. Encontrar el lugar ayuda también a lo bonito. Que quien tiene que tomar la palabra no se calle. Casi nunca pasa. Tiene que homenajear quien puede, pero sobre todo quien debe.

Tan bonito verlo todo tan bien hecho y tan discreto que entonces coges el folleto de la expo y te quedas alucinada con la selección. La lista comprende profesionales de diferentes generaciones y áreas de investigación. La ingeniera química Mara Freire, la economista Joana Vaz Pais, las historiadoras Maria Fernanda Rollo e Irene Pimentel, las biólogas Mónica Bettencourt Dias, Perpétua Pinto-do-Ó y Maria Mota, las neurocientíficas Teresa Summavielle y Catarina Resende Oliveira, la ingeniera microelectrónica Elvira Fortunato, la oncobióloga Raquel Seruca, la inmunóloga María de Sousa, la historiadora de la ciencia Ana Isabel Simões, la cristalógrafa Maria Arménia Carrondo, la matemática Carlota Simões, la bióloga molecular Maria do Carmo Fonseca, la ingeniera electrotécnica Isabel Trancoso, la médica Teresa Paiva, la ecóloga Helena Freitas y la astrónoma Teresa Lago.

Chapó.