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Érase una vez… el patito feo vip

PATITOS FEOSCarlos Otero
Nuestros famosos, tan fantásticos, tan ideales y tan glamourosos no siempre fueron los más deseados, los más atractivos ni los más populares. Muchos de ellos fueron chavales gorditos, con gafas o incluso “feítos”. He buceado en los archivos fotográficos de las celebrities y he encontrado más de un 'patito feo' que se ha terminado convirtiendo en cisne.
El caso más llamativo, sin lugar a dudas, es el de George Clooney. Hoy en día es uno de los hombres más atractivos de Hollywood y está para caerse de espaldas y no levantarse. En cambio, no siempre ha sido así. El niño Clooney era un ‘nerd’ de padre y muy señor mío: gafotas, aspecto de pardillo y un peinado totalmente ‘kistch’ hasta para la época.
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En el mismo equipo de miopes infantiles jugaba Demi Moore. La pequeña Demetria (pobrecita, hasta el nombre la estigmatizaba) era una niña feliz y resuelta… pero con unas gafas gigantescas porque no veía tres en un burro. Demetria se terminaría convirtiendo en un icono sexual y hoy en día, superando la barrera del medio siglo, es una MILF en toda regla.
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En España también tenemos ejemplos interesantes. Penélope Cruz sin ir más lejos. Cuando la de señora de Bardem no era una superestrella de Hollywood ni había emparentado con una saga de cineastas comunistas para traer a sus herederos en clínicas privadas de un lado y otro del Atlántico era una chica bastante del montón que jamás hubiera tenido opciones a ganar Miss Alcobendas. De hecho sirvió para personalizar una letra de Mecano que decía: “No sé si esa cara tan rara, un ojo aquí y un diente allá. O el cuerpecillo de  gitana, mujer a medio terminar”. 
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En el equipo masculino tenemos a Mario Vaquerizo. El protagonista de la historia de este miércoles de ‘Hay una cosa que te quiero decir’, que será sorprendido nada menos que por Pamela Anderson, también tiene un pasado. ¡Y menudo pasado! En su juventud, antes de ser una Nancy Rubia, el marido de Alaska tenía aspecto de seminarista: politos, gomina, cara de mártir… Nada que ver con lo de hoy en día.
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Megan Fox también pasó lo suyo antes de convertirse en la fantasía sexual que es hoy en día. Revisando el anuario escolar de la señora de Austin Green nos encontramos con una niña desdentada y uniceja. Eso sí, muy sonriente y pizpireta.
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Otros sex symbols de Hollywood también tienen lo suyo: Tras el pelo-brócoli de Nicole Kidman, la papada de Kate Hudson o las coletas de Jennifer López se escondían auténticos bombones que terminarían protagonizando las fantasías sexuales de los hombres heterosexuales de medio mundo.
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Me gusta especialmente el caso de Ryan Seacrest, uno de los hombres más deseados de los medios estadounidense. El presentador de ‘American Idol’, entre otros programas de éxito, es un hombre de innegable atractivo que en su más tierna infancia fue un gafotas, gordito y con ortodoncia.
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La lista se completa con otros muchos nombres habituales del panorama Divinity: Sarah Jessica Parker pasó de patito feo a caballo pura sangre o Kate Moss, que era la más repipi de Educación Primaria y se convirtió en la ‘enfant terrible’ de la moda.  
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