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Flacas pero sanas

LJCarlos Otero
Nos gusta la gente que está a gusto con su cuerpo: las hay bajitas pero molonas, los que tienen orejillas de soplillo, los que tienen unos kilos de más y, por supuesto, también las famosas que están flacas (pero, ojo, siempre saludables). Hoy me solidarizo con esas famosas delgadas que no tienen ningún problema de salud (y tienen que estar recordándolo continuamente). Esto no significa que no prefiramos verlas con algún kilo de más, con el que estarían más guapas todavía.
La cuestión es que, a veces, no les dejamos estar delgadas. Me explico: Cuando las famosas ganan kilos hay que comentar el asunto con mucho tino. Los periodistas tenemos mucho cuidado y medimos mucho nuestras palabras para no fomentar trastornos alimenticios. Sin embargo, cuando están delgadas, parece los medios tienen vía libre. Y lo mismo pasa con las anónimas: decirle a alguien que está gorda es de mala educación pero recriminarle que está en los huesos parece lo más normal del mundo ¡Flacuchas del mundo, hoy las protagonistas sois vosotras!
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El caso más recurrente lo vivo bien de cerca porque lo protagoniza una ex compañera periodista: la princesa doña Letizia. Desde que contrajese matrimonio con el Heredero, la pobrecita mía ha tenido que estar justificando su complexión delgada de manera continua. Zarzuela ha explicado por activa y por pasiva que la Princesa no padece ningún tipo de trastorno y que sus análisis clínicos se encuentran perfectos. Pues aún así, algunos sectores de la prensa siguen erre que erre.  
Lo mismo le ocurre a las dos presentadoras más emblemáticas de Supervivientes y Pekin Express: Paula Vázquez y Raquel Sánchez Silva. Ambas comunicadoras cuentan con una complexión física menuda. Su estructura ósea las mantiene delgadas y, aunque se lo propongan, no engordan. Paula llegó a publicar en Twitter claramente “No tengo anorexia ni nada por el estilo”.
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De Raquel me cuentan que se disfruta como todo el equipo de la repostería que se elabora en su programa de Cuatro “Deja un sitio para el postre”. La extremeña habla sin tapujos de lo que le cuesta engordar por naturaleza y de su gusto por la alimentación equilibrada: “Como de una forma muy sana y sí controlo bien comer todos los días frutas y verduras, no excederme con las carnes rojas, tomar mucho pescado…”, declaraba al diario La Razón.
Isabel Preysler también ha tenido que salir al paso de varias informaciones recientes sobre su delgadez. "Qué pesados estáis con lo de la delgadez todo el tiempo; nunca he sido gorda tampoco, ¿no?", reprochaba el pasado diciembre a los periodistas después de que varios medios se hiciesen eco de la esbeltísima figura de la filipina.
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La doctora Meredith Grey, o lo que es lo mismo la actriz Ellen Pompeo, tampoco tiene problemas para lidiar con la dieta y mantenerse delgada, sana y, además, guapa. Precisamente su naturaleza flaca le preocupa de cara al ejemplo que puedan tomar de ella las nuevas generaciones: "Me preocupan las niñas que me admiran. No quiero que piensen que me muero de hambre o que no como, y que para ser como yo eso es lo que deben hacer", explica la actriz.
Paola Dominguín también forma parte de este club de mujeres que rebosan salud a pesar de su delgadez crónica. Con 1,80 metros de estatura y sus formas escuálidas consiguió marcar tendencia en las pasarelas de todo el mundo durante los años 80. La hermanísima de Miguel Bosé se alzó en sus años de gloria como musa de Francis Montesinos y consiguió enamorar a galanes de la talla de José Coronado.
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Por mucho que se empeñe, Belén Rueda tampoco será nunca gorda. La protagonista de la nueva serie de Telecinco, 'B&B', cuenta con una genética privilegiada por parte de su madre que era profesora de ballet. A sus 48 años la actriz mantiene, precisamente por eso, unas formas gráciles que le permiten no privarse de nada. "Eso sí, me encanta comer bien pero también hacer deporte", declaraba recientemente.
Fuera de nuestras fronteras también encontramos otros casos: Angelina Jolie, Kiera Kingley, Kate Moss, Miley Cyrus o Catherine Zeta Jones han tenido que salir del paso que relacionaban su naturaleza a ser unas delgaduchas con algún tipo de problema alimenticio.