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Los políticos también se retocan

Las operaciones de cirugía plástica, las inyecciones de botox o las infiltraciones de ácido hialurónico no son competencia exclusiva del artisteo o de las personalidades de la ‘beautiful people’. La alta política también ha caído en las redes de la vanidad de los retoques, remodelaciones y mejoras a golpe de bisturí. Y da igual el color, el sexo o la tendencia política: para pasar por la consulta del cirujano no parece haber ideologías.
Tanto el PP como  el PSOE tienen entre sus filas a dos grandes musas de la remodelación plástica. En las filas del partido del Gobierno encontramos a la simpar Alicia Fernández Camacho. La presidenta de los populares catalanes se ha hecho un completo y no ha escatimado en intervenciones. Como si fuese una versión de Cher con barretina, la lideresa catalana se ha cambiado la nariz, los labios, la expresión de los ojos, se ha quitado la papada y se ha planchado las arrugas. Y la verdad, es que está mucho mejor.
OPERADAS
En las filas del partido de la oposición encontramos el clásico ejemplo de la Madonna del socialismo: Maria Teresa Fernández de la Vega. Aunque ella sigue negando por activa y por pasiva retoque alguno (que se siente en el polígrafo de Conchita si tiene bemoles), es evidente que ha pasado por chapa y pintura. La ex vicepresidenta de Zapatero pasó de parecer una uva pasa cuando era miembro del Gobierno a confundirse con las jóvenes blogueras de moda que se comen los canapés de los saraos. Dicen los mentideros que el artífice del cambio es el doctor Monereo, el que sale tanto en Alaska y Mario.
OPERADAS
Continuando con las filas socialistas nos encontramos con el caso de Magdalena Álvarez, también conocida como Maleni. La ex ministra de Fomento y actual vicepresidenta del Banco de Inversiones reaparecía en la escena pública con un look mucho más juvenil del que se le recordaba. ¿Milagro o bisturí?
OPERADAS
Volviendo al partido del Gobierno, sus dos grandes damas también están bajo la sospecha de haberse intervenido quirúrgicamente. Maria Dolores del Cospedal apareció algo más rejuvenecida en una reciente visita a una tertulia televisiva. Por otra parte, Soraya Sáenz de Santamaría se puso carillas en los dientes al principio de su carrera política para mejorar su sonrisa, desgraciada por un accidente infantil. Pocos años después, no dudó en pasar por quirófano para operarse la nariz. Una intervención que, según explicaron desde el PP, se debió a una caída en la nieve.
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Los hombres, también
Las operaciones estéticas no son, en absoluto, patrimonio femenino. Eduardo Zaplana, ex ministro de Aznar, se realizó este invierno una rinoplastia; el barón socialista José Bono es adicto a los microliftings y a los implantes de cabello y Pepiño Blanco, el exministro socialista del ‘Caso Campeón’, se operó la miopía en un acto de gallega coquetería.
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Fuera de nuestras fronteras
No sólo los políticos españoles se operan de cirugía plástica. Presidentes de diferentes potencias mundiales pasan por quirófano con regularidad para mejorar su imagen pública: Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina; Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy son ejemplos de ello.
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