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Los moños que sueñan con subir hasta el cielo

A los hombres no les gusta, pero las famosas insisten en la búsqueda del moño perfecto
Perfectamente pulidos o aún más pensadamente despeinados. Los moños altos se han convertido, por derecho propio, en el complemento capilar indispensable de cualquier alfombra roja que se atreva a llamarse tal. Poco importa que los hombres hayan dictado sentencia sobre su odio a esos descomunales recogidos, ellas insisten.
En el ala de las mujeres que optan por llevarlos perfectamente pulidos podemos poner como ejemplos a Jennifer Carpenter, Jennifer López, Kim Kardashian o AnnaLynne McCord. Cualquiera de ellas -o, más probablemente, sus peluqueros- parecen duchas en el noble arte de combinar su melena con un donut capilar.
¿O se creían que era melena todo lo que reluce? Busquen tutoriales y descubrirán el viejo truco de dar volumen a un moño alto. La inventiva, además, se premia. Hay gente que hasta se atreve con un calcetín, con resultados estupendos. Otras, como Katy Perry, prefieren recurrir a las azuladas extensiones para presumir aún más de melena coloreada.
Llevar un moño despeinado, a veces requiere aún más pericia que llevarlo perfectamente pulido. Fíjense si no en los flecos que lleva Gwen Stefani en el suyo. ¿Casualidad? No parece. Ella siempre ha sido muy de moños altos con un detalle o dos dejados al azar. Y si hay que hablar bien de Lindsay Lohan, podemos confirmar que el moño informal que le vimos en Milán el otoño pasado le quedaba fenomenal. No siempre ha tenido tanto tino.
Lo cierto es que hay veces que dan ganas de quitar el carnet de fashionista. Se nos ocurre, de repente, el caso de Sarah Jessica Parker y el moño desparramado que lució el pasado noviembre en Australia. ¿Qué es eso? Además de añadir a la estampa una chaqueta de madrina de boda, tampoco se olvidó de ponerse un broche en la melena para acabar de perpetrar ese suicidio estético. Con lo bien que lo había hecho otras veces...