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Guardiola, dime que no te estás dejando

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Bien es cierto que Nueva York tiende a lo bohemio. Que no es lo mismo ir a por el pan en un año sabático que protagonizar el banquillo del mejor equipo del mundo. Incluso comprendemos que puede ser muy liberador salir del ojo del huracán mediático. Pero lo que no puede ser es que nuestro gurú de la moda masculina, Pep Guardiola i Sala, rebaje enteros estilísticos gratuitamente, como cuando ha aparecido en la rueda de prensa del 'Balón de Oro' con un jerseicillo sin intención o ha paseado por el Soho con una camiseta desgastada. ¡Vuelve Pep!

Guardiola se ha ganado, pespunte a pespunte, los galones de gurú estilístico. Un estrato difícil de alcanzar y mucho más de mantener, pero que el culé logró con naturalidad en los cuatro años que fue entrenador del Barça. Trajes entallados, camisas de calidad, jerséis sencillos pero idóneos, corbatas finas, zapatos impecables y zapatillas modernas que aportaban un toque de color al conjunto, eran sus señas de identidad. Nada fuera de lo común, pero todo colocado en el momento y lugar oportuno. Preciso, elegante, equilibrado.

Sus últimas apariciones públicas nos han dejado sin embargo un recuerdo soso en el cerebelo. Las primeras imágenes que llegaron del otro lado del Atlántico, paseando con su familia por el Soho neoyorquino, no parecían anticipar cierto declive en el cuidado que requiere su cargo. Lo achacamos sin más a la distensión propia de un año sabático, una tarde de turismo, un paseo anónimo con Cristina (Serra) y los niños por la ciudad de los rascacielos.
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Tampoco el look del pasado febrero en México fue escandalosamente inapropiado, pero estuvo lejos de los mejores. Pep acudió a un acto en la Telmex Foundation de la capital azteca, uno de los pocos actos públicos en los que se ha dejado ver, con una camisa de cuadritos que parecía haber sufrido en la maleta y lo complementó con una americana azul anodina.
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La imagen que nos ha puesto sobre la pista definitivamente ha sido la más reciente, cuando Guardiola comparecía en rueda de prensa por el 'Balón de Oro' junto a un Vicente del Bosque trajeado con un jersey gris, del que sobresalía un cuello de camiseta fucsia. Correcto, sencillo, pero sin el alma al que nos tiene acostumbrados.
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Desde aquí pedimos a nuestro chico favorito de los banquillos que esté atento. No nos importa a qué club vuelva, ni siquiera que al final no sea la dirección de un equipo su destino y se dedique al noble deporte del macramé... si eso le hace feliz. Lo que le rogamos encarecidamente es que no se deje llevar por la desidia estilística. ¡Regresa Pep!
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