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Las celebrities ante el drama del gimnasio

Adictas al ejercicio y refractarias al mover un dedo. Entre los famosos también existen todo tipo de excusas para no correr, como que es malo para las rodillas, y las que no pueden parar de ir hasta seis o siete veces semanales. A algunas, como Salma Hayek, les dan hasta asco los excesos de ejercicio y las dietas extremas, habla de que quienes se someten a eso parecen miserables. Otras, como Sofía Vergara o Christina Hendricks, conscientes de que de ellas se esperan curvas, son felices sin esforzarse demasiado. January Jones se muere de la envidia que les tiene.

Locas de alegría estaban Christina Hendricks y January Jones cuando en Mad Men les recriminaban que estaban demasiado delgadas, que tenían que engordar como mujeres lozanas, como se estaba en los años sesenta, antes de que la fiebre por la delgadez alcanzase todo su esplendor en los ochenta con los programas de televisión de fitness de Jane Fonda. Christina, que es de cuerpo voluminoso, no tuvo que hacer grandes esfuerzos, pero January lo agradeció. De hecho, en una entrevista, ya liberada de la presión del tener que estar supuestamente perfecta, envió un mensaje a navegantes: "ojalá más mujeres se dieran cuenta de que a los hombres lo que les gusta de las mujeres son las curvas".
¿Y que le gusta a las mujeres de los hombres? Porque en España tenemos casos de dos actores, como son Mario Casas y Pablo Rivero, que se han metido un tute en el gimnasio los últimos años que cualquiera diría que se esperan enfrentarse a Ivan Drago algún día de su vida. Casas, para interpretar a Hache en 'A tres Metros Sobre El Cielo' corría cuarenta y cinco minutos cada mañana y acompañaba el gimnasio de una dieta de arroz y pollo. Lo de Pablo se entiende menos.
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Pablo Rivero en el verano de 2012 y antes, cuando era baby
Lo cierto es que la relación de las celebrities con su imagen, la inseguridad que produce que un paparazzi avispado pueda captar esa estría, ese michelín, esa piel colgando, es todo un género literario. Y también, un insoportable infierno en vida, para algunas, una adicción, para otras, un mal necesario, para las menos.
Por ejemplo, lo normal es dejarse cuando una está embarazada y centrarse en lo que se tiene que centrar: alimentarse correctamente y preparase para parir. Pues Elsa Pataki hizo todo esto, por supuesto, pero, según declaró en una ocasión "Pasando cuatro veces a la semana por el gimnasio con elíptica, yoga y pilates". Un caso similar al de Natalie Portman, mientras su compañera en Cisne Negro, Mila Kunis, echó pestes de la dieta que se vio obligada a hacer, Natalie estaba casi encantada: "desde que rodé Cisne Negro he seguido haciendo ejercicio, correr, nadar, bailar, me da energía y me hace sentir bien con mi cuerpo. ¿Una adicción?
Otra de las estajanovistas del ejercicio es Jennier Anniston. Seis días a la semana. Con spinning, carrera y elíptica. Y Pilates un día a la semana. Como Britney Spears, famosa, aunque no lo parezca por los tiempos de sus idas de olla, por gastar las cintas de correr de todos los hoteles que visita en sus giras.
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A veces también es terapéutico. Catherine Zeta Jones ha explicado en el InStyle de este mes que hace veinte minutos de hula-hula al día en el gimnasio, donde también hace elíptica y estiramientos. Todo ello sin entrenador, -"no necesito a nadie que me motive", ha dicho- y por un fin: "Me ayuda con mi estado de ánimo que, con mi problema bipolar, es importante".
No obstante, muchas famosas son refractarias a pasar por el potro de tortura del gimnasio. Y no son las menos deseadas precisamente. Para Salma Hayek, si haces ejercicio y te metes en una dieta demasiado estricta, te cargas tu metabolismo y lo que pareces es "una miserable", contó en Harper Bazaar. Otra actriz, Enma Stone, por su parte, lo basa en las articulaciones. Dice que se niega a correr, jogging o footing, porque te destroza las rodillas. Suele nadar, mejor que nada, porque, según dice, "soy una persona tranquila, pero en cuanto entro en el gimnasio algo bulle dentro de mí".
Y la actriz Kelly Brook no sólo está orgullosa de las que tiene, sino que se mofa de que la comparen con chicas muy delgadas, como Gisele, y encima presume de que lo poco que va al gimnasio, le sienta estupendamente: "La gente mayor se queja de que el gimnasio no le hace nada en el cuerpo, yo ahora, desde que soy más mayor, cada vez lo noto más".
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Blake Lively directamente pasa. Reconoce que no hace ni el más mínimo ejercicio y que ama a la comida demasiado. Lo achaca a que es del sur de Estados Unidos, aunque anunció en una ocasión, tal vez algún día, pruebe a ver qué tal eso del ejercicio. Katy Perry también lo odia eso de sudar, pero sí que no puede evitar saltar a la comba. Para ella es tan divertido como bailar y asegura que con eso se mantiene como a ella le gusta.
Mal necesario es para nuestra querida Scarlett Johannson. Dice que no le queda otra que hacer ejercicio para por lo menos poder piparse media botella de vino cuando le apetezca y no estar pensando si se ha metido demasiadas calorías o no hasta la obsesión. No obstante, cuando rueda está sometida a tal disciplina y horarios, reconoce, que ni se plantea darse el gusto de echar un trago.
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Eso de adelgazar por el rodaje también lo comenta Kristen Stewart. Como su familia es delgada genéticamente, nunca se ha preocupado mucho, dice, de lo suyo. Pero es que encima cuando trabaja tiene que estar con la espadita, saltando, de todo, y con esto tiene bastante.
Pero lo mejor es lo que crees que esperan de ti, como las actrices de Mad Men citadas al principio. Sofía Vergara cree que como es latina, la expectativa es que presuma de algo de carne consistente. Por eso su lema es el 'no demasiado', es decir, no comer mucho, no hacer excesivo ejercicio y "no demasiado nada". Pero si no queda más remedio que ir al gym, pues baila música latina que al menos se divierte.
Y en el caso contrario a todos los anteriores tenemos a Cameron Diaz. El ejercicio para ella es comer, dormir y respirar, porque si no lo hace, cuenta, se queda en los huesos. Y ese es su gran problema, coger peso, para lo cual se ve obligada a trabaja duro.