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Raquel Sánchez Silva: "Mi vida privada siempre fue un tesoro y ahora mucho más"

mdivinity.es

Nuevo libro, diseño de telas y botellas de vino, puesto en el Mercado de Motores… Raquel Sánchez Silva está en racha creativa. La presentadora se está tomando un respiro en los últimos meses con proyectos "más íntimos" y "menos expuestos a la opinión pública". A pesar de que ama la televisión y seguirá con ello, la extremeña está poniendo en marcha un 'plan b' más personal. Hablamos con ella sobre Baraka, su aventura con el diseño de estampados para telas que está a punto de lanzar con el diseñador de interiores Tomás Alía.

Barrio de Huertas. Madrid. La gente espera a Raquel, que viene de viaje. Va a presentar 'Street of colour', la iniciativa del vino Campo Viejo por la cual llenará de color y pasión las calles de esta zona de la capital del 2 al 5 de octubre. Customización de botellas (Raquel ha diseñado una), rojos y amarillos intensos por las aceras, un llamativo mural de varios metros… Sánchez Silva habla de todos sus proyectos menos de uno: Matías Dumont, el productor y empresario argentino con el comparte vida: "Me he dado cuenta de lo vulnerable que es tu vida privada y el daño que se le puede hacer".
¿En qué momento personal estás ahora mismo?
En proceso. En buen camino…
¿En proceso de estar estupendamente?
Evolucionando, cambiando… como todo el mundo. En proceso de hacer un montón de cosas nuevas y con la cabeza muy puesta en Baraka, mi proyecto de textil, y en un nuevo proyecto literario que ya he empezado. Estoy muy sola haciendo estas dos cosas, en el sentido de que me levanto por la mañana y trabajo en ellas sin estar de cara al público. Estoy en la sensación de algo nuevo.
¿Necesitabas no estar tan sujeta a la mirada de los otros?
Yo adoro la televisión. Comunicarme, presentar algo… pero también los que hacemos tele siempre tenemos en mente un plan B o un plan C. No porque se vaya a acabar, sino porque la tele te absorbe mucho y te convierte en una persona a la que la calle demanda. De repente te apetece hacer cosas más íntimas, más para ti. Ahora he cogida las fuerzas y las ganas.
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¿Cómo surgió lo de las telas?
Tenía ganas desde hace tiempo de esta aventura con el diseñador de interiores Tomás Alía y el diseñador Tomás Albadalejo. Pensamos que el textil del hogar tenía potencial y nos metimos un año a vender cojín por cojín en nuestro puesto del Mercado de Motores. Fue algo muy divertido: ahí, con la señora y la colcha y el contacto directo con la gente. La respuesta fue muy buena y decidirnos meternos más. Estoy aterrada y muy ilusionada porque nos hemos metido de verdad.
¿De dónde son las telas?
De Marruecos, pero estamos ya en contacto con talleres españoles porque yo quiero hacer artesanía aquí. Tenemos una idea muy bonita para volver a la artesanía española. Estoy enamorada del ‘hand-made’ y de la vuelta a lo perdurable. La crisis nos ha hecho volver a eso de querer algo bueno y que dure… y si se me rompe buscaré al artesano que me lo sepa zurzir.
¿Los dibujos de los estampados son tuyos?
Sí, los he hecho yo con Perico. En la próxima colección que traemos ya hemos decidido paleta de colores, hilos, tensión, telares… El azul potente del mar está muy presente. Y el rojo. Un rollo muy clásico y elegante, pero muy poco étnico.
¿Matías Dumont, tu pareja, también está metido en proyectos de decoración y  lámparas, no?
Sí, con Fiumine. Su hermano es quien diseña las lámparas.
¿Estás contenta?
Yo de mi relación con Matías no hablo, por prudencia y por aprendizaje. He aprendido muchas cosas de lo que me ha pasado, la mayoría no las voy a contar. Pero hay una que siempre cuento: mi vida privada siempre fue un tesoro y ahora es mucho más que eso. Me he dado cuenta de lo vulnerable que es tu vida privada y el daño que puede hacer la intermediación de las personas. Que no digo que sea con maldad, pero a veces un titular no contrastado, una información no bien escrita o incluso un fallo, que lo puede tener cualquiera y que lo entiendo, no lo digo con rencor… me niego a poner mi vida y mi intimidad en juego. Me importa demasiado como para ponerla en manos de otros.