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El ‘Eton College’ y los niños bien

El ‘Eton College’ y los niños biendivinity.es

Los alumnos de Eton College constituyen una élite tan virtuosa como la de Hogwarts, la escuela de magia de Harry Potter. Los estudiantes visten chaqué sobre chaleco negro, pantalones a rayas, camisa de esmoquin y pajarita de piqué. Tienen su propia jerga, castigos anticuados –copiar versos en latín– y una vez al año celebran un evento deportivo en el que destaca la práctica del juego de pared o wall game.

A pocos kilómetros de Londres, se erige el colegio que históricamente ha formado a los cuadros dominantes de la sociedad británica. De Ian Fleming a George Orwell, pasando por numerosos políticos y casi una veintena de primeros ministros, este centro de educación secundaria es una de las factorías de talento más célebres de Reino Unido. Sus últimos lumbreras pertenecen a la categoría artística: Hugh Laurie, Tom Hiddleston o Eddie Redmayne, ganador del BAFTA al mejor actor y uno de los favoritos de la próxima edición de los Oscar por su papel en La teoría del todo. Fundado en el siglo XV por el rey Enrique VI para niños sin recursos, este internado masculino se hizo famoso cuando los hijos de las familias pudientes empezaron a frecuentarlo.
Eton es sobre todas las cosas una marca de lujo. Y sus reglas se avienen a las clásicas estructuras que configuran los productos más exclusivos. Hay calidad y precios elevados –un curso cuesta unos 35.000 euros y cada año se ofertan 14 becas para chicos con expedientes brillantes–. Los etonians, como se les conoce a los alumnos, mantienen ritos centenarios ligados al estatus y viven en una especie de burbuja idílica que los preserva del mundo real.
El primer ministro británico David Cameron y el alcalde de Londres Boris Johnson se formaran en sus aulas, así como el heredero al trono el príncipe Guillermo de Cambridge o, su hermano, el príncipe Enrique de Gales. Cada año reciben unas mil solicitudes, de las que apenas se aceptan 250. En total, solo hay espacio para 1.300 estudiantes.