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Alberto de Mónaco, el príncipe al que acusaron de reina

Alberto de Mónaco por fin pasa por el altar el próximo sábado con su prometida Charlene Wittstock. Sin embargo, toda su vida, ha tenido que lidiar con infundados rumores sobre una presunta homosexualidad.
Este fin de semana se casa, por fin, Alberto de Mónaco. Los rumores acerca de su sexualidad han sido una constante en su vida. Él tampoco hizo mucho por acabar con ellos y mientras los años pasaban y no encontraba mujer con la que desposarse se dejaba ver con Drag Queens y en festividades más propias de una convención de fans de Mónica Naranjo que de un príncipe heredero.
Su actitud, reservada y tímida; y su tono de voz, más bien bajito y frágil; tampoco ayudaron a ahuyentar esos rumores. En 2003, cuando le preguntaban por qué no encontraba a la mujer adecuada para que fuese la Princesa de Mónaco Alberto respondía: “Las experiencias traumáticas de mis hermanas me han condicionado”. Esta respuesta se interpretó en la prensa internacional como una manera de soltar balones fuera.
Su gusto por las artes y el cine y sus amistades con modelos y actrices tampoco ayudaban. La comunidad internacional continuaba considerando este entorno como “poco heterosexual” para un solterón heredero. Hace unos años los rumores volvieron cuando los paparazzi captaron el gesto que se le quedó al príncipe cuando, paseando con su prometida por la playa, se encontró a un hombre con todo el salami al aire.

De supergay a supermacho

Precisamente un escándalo de faldas fue el que disipó todos los rumores sobre homosexualidad a Alberto de Mónaco. El príncipe solterón pasó de un día para otro de presunto gay armarizado a supermacho.
Tras ascender al trono, el príncipe reconoció dos hijos: un niño nacido de una relación con la azafata Nicole Coste llamado Alexandre Coste, y una niña, Jazmín Grace Rotolo, que tuvo con Tamara Rotolo. Los pequeños viven con sus madres y nunca han sido fotografiados con su padre pese a que este mantiene relación con ambos.
Cuando reconoció su paternidad, Alberto dejó claro que ninguno de los dos niños formaban parte de la línea de sucesión. En aquella época Jaime Peñafiel escribió un polémico artículo titulado: “Y decían que era maricón”. Pues sí, lo decían... pero no lo era.