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Encarni, de Azúcar Moreno, recuperada (también de la puñalada de su hermana)

El último número de 'Semana' nos enseña la casa de una de las 'Azúcar Moreno'. Encarni, con un aire a lo Carmina Ordónez, nos cuenta su nueva vida después de superar el cáncer y también cómo se la jugó su hermana "por la espalda", según ella. Todo en un decorado con un punto hortera pero que nos gusta.
Sí, no hay duda, el titular es atractivo, a uno le cuesta no seguir leyendo. “Mi hermana me dio una puñalada por la espalda”, dice Encarna, de Azúcar Moreno (coletilla de la que debemos ir olvidándonos) en la portada de Semana. En la foto que acompaña este espeluznante encabezamiento, que afortunadamente es metafórico aunque a una le queda cierta duda hasta que lee la entrevista, observamos que Encarna, después de haber superado el cáncer, ha vuelto a nacer, sí, pero encarnada (perdón por el chiste fácil) en Carmina Ordóñez. El parecido con la madre de los Rivera es llamativo.
La entrevista está dividida en dos partes: una de super buen rollo y positiva, en la que habla con mucho valor, por cierto, de cómo ha superado el cáncer y otra con más carnaza en la que cuenta toda la verdad sobre su separación de esa hermana que muchos pensábamos que era siamesa de Encarni.
En la entrevista observamos que Toñi había caído en el mismo fallo que muchos otros famosos, el de anunciar algo por la prensa sin avisar a uno de los implicados. En el mundo del couché lo peor que le puede pasar a alguien eso y la frase “me enteré por la prensa” es la peor afrenta posible. A Encarni eso le dolió mucho, supo por una revista que su hermana planeaba un disco en solitario y eso no se lo iba a perdonar, hombre por dios.
Pero lo que más nos gusta del reportaje es la casa. Hay que reconocer que tiene un cierto punto hortera, pero ligero, muy ligero y nos enseña a romper muchos prejuicios. Todo esto lo digo suponiendo que la casa que sale en Semana sea realmente la suya que ya se sabe que muchos famosos van a hoteles o otras mansiones a enseñarlas como si fueran suyas pero incluso en ese caso, el hecho de haber elegido esta y no otra, tiene su mérito.
A ver, seamos sinceros, Encarni nunca ha destacado por su elegancia. Podrá ser guapísima, alta delgada, graciosa, pero no se la imagina uno eligiendo un sillón de Mies Van der Rohe o leyendo libros sobre Hartung (como uno que aparece en una mesa de su salón). Pues sí, nosotros suponíamos que su hogar sería una sinfonía de cojines de Versace y estampados de leopardo. Y sí, los hay, pero combinados con finísimos sillones de capitoné y con un parquet oscuro como de casa buena de toda la vida. Encarni, con esta casa y con este nuevo look de ropa menos reajustada y ese aire sereno ha conseguido lo que muchos quieren. El arribismo social. No tiene nada que envidiar a las señoronas de Serrano y nos alegramos, este es uno de los milagros del Papel Couché, que lo mismo tu hermano se puede llamar Martínez Bordiu que Los Chunguitos que, al final, con un buen estilismo parece que vienes del mismo sitio.