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Estimulantes, tranquilizantes y bolsas de Cheetos: todo sobre Lindsay en prisión

No podemos esperar a que Lindsay salga de la cárcel y cuernte todos los detalles a la prensa, pero mientras tanto aquí tenemos algunos detalles sobre su estancia en prisión. Los medicamentos estimulantes y tranquilizantes y los snacks son, por ahora, los grandes protagonistas.
Lindsay Lohan ya está entre rejas y, hasta que salga y se forre vendiendo la historia al mejor postor, lo único que podemos saber por ahora son pinceladas que van llegando hasta los medios. Alguna de ellas, eso sí, bastante jugosa.
1. Según la web TMZ, que como ya comentamos alguna vez debe de tener espías hasta entre los calcetines sucios de los famosos, Lindsay ha conseguido, gracias a un amigo farmacéutico, disponer de medicamentos dentro de la cárcel. Entre ellos se encuentra el Adderall, un estimulante que activa la atención, la libido y la concentración, y el Ambien, unas pastillas para dormir de efecto parecido al de las benzodiacepinas, pero de mayor efecto que éstas. Ambas presentan un potencial efecto adictivo, y de hecho son las drogas legales las que metieron a Lindsay en este lío.
Pese a que todo tipo de drogas pueden encontrarse en Hollywood -y, si nos ponemos, en el bar de abajo-, siempre han sido las drogas legales las que más quebraderos de cabeza han dado a las celebridades. A Marilyn la mataron unos barbitúricos que se vendían en la farmacia y Stevie Nicks, la legendaria líder de Fleetwood Mac, dijo en varias entrevistas que su adicción a los tranquilizantes le había hecho mucho más daño que su adicción a la cocaína. "Es irónico: mi adicción a la cocaína me llevó  hasta un psiquiatra para poder seguir trabajando, pero su solución hizo que no pudiese trabajar durante años. Es casi shakesperiano", declaró en 2007 al Daily Telegraph.
2.  Está prohibido fumar en las cárceles californianas, pero Lindsay podrá solapar este vicio durante los días que esté en la cárcel con otro más sano, aunque tampoco mucho. Hay un programa de atención a los presos llamado Keef Commysary Network que permite que cualquier ciudadano de Los Angeles envíe cositas de canapeo y snacks a un preso que esté en cualquiera de las ocho prisiones que participan en el proyecto. Cada preso puede disfrutar de hasta 135 dólares de Kit Kats, galletas de vainilla, bolsas de patatas fritas de todo tipo y tabletas de chocolate.
El único problema es que los tranquilizantes tienden a quitar el hambre, y el Adderall, que contiene algo de anfetamina, muchísimo más. Si Lindsay no se come todo lo que sus fans le enviarán, al menos podrá usarlo para repartirlo entre las demás presas y hacer muchísimas amigas nuevas. Por cierto, si tienes la suerte de vivir en Los Angeles y quieres enviarle a Lindsay una tonelada de Cheetos, haz clic aquí.
3. Esta es la hoja de ingreso en prisión de Lindsay. Todos aquellos que tengáis el condenable propósito de conocer intimidades como su altura, peso, raza y color de pelo a la hora de su entrada aquí tenéis las respuestas:
La muchacha está en unos míseros 53 kilos, así que las bolsas de bollería industrial que le enviéis le vendrán de perlas. Su primera noche en prisión la cena consistía en tetrazzini de pavo, un plato americano que combina pasta con carnes blancas. ¿Se lo comería todo?
4. La reacción de las demás presas ha sido positiva a la llegada de Lindsay (qué demonios, no todos los días se encuentran a semejantes rubias en la ducha). Pese a que la actriz llegó esposada y llorando, sus compañeras la animaron. Se escucharon varios gritos como "¡Te queremos, Lindsay!" a su llegada. Y según informa Contact Music, una presa ha declarado: "Lindsay estaba llorando cuando llegó, pero todas empezamos a decirle 'Dios te bendiga, Lindsay' y a decirle hola. Entonces ella nos sonrió".
5. Por ahora, es posible que todas estas pequeñas fortunas estén funcionando para Lindsay: las primeras noticias que llegan de la tarde informan de que Lindsay está siendo "educada, cumplidora y responsable". Y algunas fuentes afirman que podría salir de la cárcel el 1 de agosto, tras cumplir sólo 13 días de condena. Ni los 90 iniciales ni los 23 que se anunciaron después. Como sea así, a Lindsay le van a sobrar un montón de tranquilizantes y Kit Kats. A saber qué hace con ellos.