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Grandes tenistas, discretas mujeres

Nadal y Federer tienen en común, además del buen tenis, el milagro de que a ninguno le ha desquiciado la fama: mantienen sus vidas a salvo de escándalos y no han cambiado a sus discretas novias de siempre por chicas siliconadas.
Rafa Nadal y Roger Federer. Dos iconos del deporte mundial. Dos números uno. Los grandes éxitos en el tenis no es lo único que une a estos dos carismáticos rivales. La fama, el dinero y el glamour parecen haber fracasado en el intento de corromper a dos personas sencillamente normales.
Rivales en la pista, iguales en la vida.

Ambos llevan muchos años en la élite de su deporte y no se conoce nada escandaloso de ninguno de ellos. Nada raro. Nada susceptible de convertirse en polémica. Nada que alimente cotilleos rosas. Tanto Nadal como Federer tienen un secreto muy poco habitual en este tipo de estrellas. Se agarran a un cabo firme que no les deja alejarse del mundo real, que no les permite olvidarse de lo que siempre han sido. El secreto de Rafa se llama Francisca y el de Roger, Mirka.
María Francisca Perello, manacorense de 22 años, conocida por sus amigos como 'Xisca', es amiga desde la infancia de Isabel, hermana de nuestro apuesto tenista. La discreción y la sencillez son las principales características de esta chica que, desde hace unos cinco años, comparte una consolidada relación con Nadal.
Tras unos primeros años de romance encubierto, ya nadie pretende ocultar que, en efecto, la novia del deportista balear es una bonita joven que nunca ha dejado de ser normal. Desde que es la compañera oficial de Rafa, Xisca ha conseguido mantenerse completamente al margen del círculo mediático que rodea al jugador. Las decenas de millones de euros que se embolsa su chico al año no han cambiado nada el carácter de una de las mujeres más envidiadas de España.
Tanto sus hábitos como su fondo de armario no concuerdan con el estilo habitual de las parejas de este tipo ídolos. Xisca huye del protagonismo y vive feliz en un pseudoanonimato que se ha labrado con elegancia. Evade con clase a los paparazzi que, al ver que su vida es convencional, han dejado de acecharla desde hace ya mucho tiempo.
Cuando uno se imagina el mundo en el que se mueve gente como Rafa Nadal no espera encontrase con una sencilla pareja de jóvenes discretos que no se ha dejado llevar por la fama ni el dinero. Es bonito saber que también hay gente así. Personas que no dejan que su estatus les cambie los valores con los que han sido educados. El hecho de que este tipo de romances no sean habituales hace que en sí mismos sean más admirados, más meritorios, más sinceros.
Un caso muy parecido es el de Roger Federer y su esposa, Mirka Vavrinec. El actual número dos del mundo y posiblemente mejor tenista de la historia, comparte su vida con una chica que no goza precisamente de un físico muy espectacular. De entre tantas féminas que estarían locas por los huesos del suizo, él ha elegido a una muchacha rellenita y risueña que dista mucho de cumplir los cánones de belleza actuales.
Miroslava, que así es como se llama realmente la susodicha, es una ex tenista de 32 años que aunque nació en Eslovaquia ha vivido siempre en Suiza. Conoció a Roger en los Juegos Olímpicos de Sidney en el año 2000 y desde entonces han mantenido una relación sin titubeos.
Igual que ocurre con Rafa Nadal y Xisca, Federer y Mirka comenzaron su andadura como pareja justo en el momento en el que la trayectoria deportiva de ambos tenistas iniciaba su despegue hacia la cima de este deporte. Es decir, habiendo nacido ambos dúos en la normalidad, han sabido perfectamente asumir el cambio de los éxitos y de la fama adaptándose sin corromper sus valores a una vida rodeada de millones de euros, focos, tensión y glamour.
El hecho de que tanto Roger como Rafa hayan llegado a ser números uno del mundo no les ha provocado ninguna turbulencia en sus relaciones sentimentales, no ha afectado nada sus caracteres, sus maneras de concebir la vida y el deporte.
La pareja suiza podría ser una versión cinco años mayor de los tortolitos manacorenses. Federer y Mirka están casados y tienen dos gemelas de casi un año. Aunque al principio el mundo de la moda era completamente desconocido para Roger, Miroslava siempre ha mostrado un comedido interés en este aspecto. A pesar de que ninguno de los dos ha llegado nunca a cruzar esa peligrosa línea que puede convertirlos en carne de cañón, sí han hecho sus pinitos mediáticos. Pocos pueden presumir de ser portada del VOGUE en varias ocasiones y mantener una vida tan discreta. El mérito de Roger ha sido compaginar a la perfección los lujos y la excentricidad propios de un ídolo deportivo, con la sencillez y humildad de una persona normal.
Detalles como las lágrimas de Federer cuando cayó derrotado ante Nadal en la final del Open de Australia, o la manera en la que ha afectado a Rafa la reciente separación de sus padres, demuestran como dentro de esos cuerpos de superhombres viven personas que nunca han dejado de pisar el mundo real.

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