Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Los "amores perros" de Carolina de Mónaco

Cuando el amor falla es mejor agarrarse a los animales de compañía. Así ha hecho Carolina de Mónaco. La Princesa del HOLA ha optado por buscarlos a pares, dos teckel a los que abraza con fuerza en el Principado.
Carolina de Mónaco es desde hoy la persona más querida de la urbanización de Coco. Y todo porque, dice mi perra, se nota que es una mujer que quiere a los animales más que a los maridos. “Se percibe por la forma de abrazar a los perritos”, me dice. Coco sabe de esto que para eso es perra y nota cuando los abrazos son de verdad y cuando son de mentira.
La hija de la protagonista de  La Angustia de Vivir (1954) apareció en el Gran Premio de Hípica acompañada de sus dos perritos de raza teckel de pelo corto en brazos. Pequeñitos, brillantes, guapos. Los dos -mirad la foto- agarraditos al calor de los pechos monegascos con sus collares azul y marrón (sospechamos que uno es perro y otro es perra) y ajenos a la principesca y dramática vida del ama.
La razón de la visita maternal: su hija Carlota participaba en la competición y es lo que haría cualquier madre orgullosa. Carolina de Mónaco lleva a un añito separada de su esposo, Ernesto de Hannover, aunque –me recuerda Coco en voz baja- “todavía no ha iniciado los trámites de divorcio y le encanta acompañar a los pequeños”.
-Coco, sabes mucho de corazón.
-Es que veo a Anarosa-, me suelta mi perra.
Pues bien, Carolina ya ha vuelto a residir en Montecarlo con sus hijos Andrea, Carlota y el otro. Del otro no nos acordamos porque tiene menos personalidad que el adicto a Ibiza y que la hermana. En el test de divinity no hay manera de acertar con el nombre del hermano de Andrea y eso que se cortó el pelo para ser diferente y no ha habido manera de marcar distancia con el resto de la familia.
Charlotte Marie Pomeline Casiraghi Grimaldi apareció en la competición equina feliz y jugueteando con las perritas de mamá. Y a juzgar por las fotos quiere más a las mascotas que al novio. “Es que el novio es muy feo”, me suelta de pronto Coco. No debe ir muy equivocada mi compañera porque la ternura de Carlota Marie Pomeline Casiraghi Grimaldi es muy llamativa y al otro se le queda una cara de vendedor de salazones que no es normal. Vamos, como si sintiera envidia de las caricias de la nieta de Rainiero. “Esperemos que tenga más suerte que su madre” añade Coco.
-Coco, estás tú muy Sálvame hoy.
-Es que Carolina podría protagonizar una de tus novelas…
-¡¡¡¿¿¿Cómo???!!!!
Hoy le pongo menos pienso. Y eso que tiene razón. Ernesto de Hannover no ha sido precisamente un amor con final feliz de cuento de la Disneylandia de Mónaco. Pelín violento el heredero. Digo violento porque recuerdo en este momento la sentencia del tribunal de apelación alemán que impuso ya hace tiempito una multa de 200.000 euros (272.000 dólares) al príncipe Ernesto Augusto de Hannover por haber agredido físicamente, provocándole heridas, al gerente de un hotel en Kenia. El tribunal de Hildesheim, norte de Alemania, declaró culpable al príncipe por haber infligido a Josef Brunlehner "dos fuertes bofetadas consecutivas", una acción que "no fue correcta" pero "sin brutalidad descontrolada". Bueno, dicho esto, Coco me ladra. “No me recuerdes cosas feas que este blog es para cosas lindas” dice.
-¿Desde cuándo dices lindas?, le pregunto a Coco.
-Desde que escucho a Paulina Rubio.
-Ahhhh… No tengo nada que añadir pequeña Coco.
-Pues yo sí -se arma de fueros mi perra- Dí en tu blog que hace mejor compañía un buen perro que un mal marido.