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Por qué nos gusta Iker Casillas

Sara, no eres la única. A nosotras también nos ha conquistado Iker. Desgranamos y justificamos los puntos claves que nos han hecho rendirnos a los pies del portero y capitán de la Selección.
Porque es el mejor portero del mundo. Y no lo decimos sólo nosotros, la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) lo eligió mejor guardameta del planeta en 2008 y 2009. San Iker lo ha demostrado sobradas veces salvando goles cantados, haciendo milagros entre los tres palos. Vamos, que si existe la iglesia "maradoniana", ya está tardando en fundarse la "casillana".
Porque es sensible y llora si hace falta delante o detrás de una cámara. Se acabó aquella milonga injusta que vetaba el llanto a los machotes. Di que sí, Iker, eres un tío moderno, nada de ahogar los sentimientos si la ocasión lo merece. ¡Fuera complejos de cromagnon!.
Porque mientras Sara lo estaba entrevistando, sus ojillos le delataban y no se pudo aguantar. En el campo su garra no tiene discusión y fuera de él, parece que tampoco. Prueba de ello ha sido su demostración de pasión a Carbonero con un "espontáneo" beso en los labios, según él mismo lo ha definido, que salió como un cohete de júbilo directo a las pantallas de todo el planeta y que pretendía cerrar, de paso, muchas bocas maliciosas.
Porque tiene madera de líder y mano para dirigir el vestuario. Llevar el brazalete no es una cuestión superflua y él ha demostrado que carisma en las duchas no le falta. En sus declaraciones ante la prensa siempre antepone el juego del equipo a sus aciertos individuales, por muy determinantes que hayan sido. Sin ir más lejos, cedió gran parte del mérito de haber parado el penalti ante Paraguay (propició el paso a semifinales) a su colega Pepe Reina, quien le chivó hacia qué lado iba a tirarlo Cardozo.
Porque encarna el sueño de todos los periféricos y provincianos del mundo. Los chicos de clase media tienen en Iker un totem. La evidencia en carne y hueso de que los sueños pueden llegar a cumplirse a base de talento, trabajo y humildad. Ya lo dejó bien claro con un lema que pasará a la eternidad: "No soy Galáctico, soy de Móstoles".
Porque es solidario. Si desde la portería Casillas reparte juego, desde la cotidianidad Íker comparte suerte. Sabedor de lo que cuesta a veces salir adelante, el portero del Madrid no tiene reparos en visitar a niños enfermos en los hostpitales de Madrid o en viajar a Sierra Leona y Perú para ayudar a chavales de la calle a superar la pobreza a través del deporte. Además, es patrón de la ONG Plan International España.