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Luis Tosar: "Tengo tendencia al aburrimiento, por eso soy actor"

tosardivinity.es
Tosar no teme a los silencios. Su retranca gallega se lo toma con calma. En las respuestas de la entrevista y en los ritmos vitales. Le gustan las cosas bien hechas, con honestidad, y eso normalmente lleva su tiempo. Detrás de esa fachada de malo eterno (Celda 211) o bueno con conflicto profundo (El Niño), hay un 'tipo' (le gusta esa palabra, la repite varias veces en su discurso) sensible, meticuloso, con "tendencia al aburrimiento" y una debilidad manifiesta por Robert De Niro. Ahora presenta su nueva película, El Niño, donde interpreta un policía vocacional que no duda en arriesgarse hasta donde haga falta para detener a Jesús Castro en su cruce del Estrecho. Empezamos la entrevista mientras se acaba el pitillo...
¿Qué tienes en común con tu personaje?
Quizá la obsesión por el trabajo, aunque ya no. Antes quizá más. Lo que me conectaba más con el personaje de manera más personal es que él tiene una concepción de la vocación y de la profesión en la que ambas conviven. Considera que hay que llegar hasta el final… y en su caso, hasta arriesgando. Considero que el trabajo hay que afrontarlo desde ahí: tener las cosas claras por lo menos para ti mismo.
Tienes fama de ser efectivamente un tipo honesto. Por ejemplo, ese último "que le den por culo a Hollywood" defendiendo a Bardem y Penélope...
Bueno, eso vino a raíz de lo que firmaron Javier y Penélope pidiendo el fin de los bombardeos israelíes de Gaza. Es que se han pasado mucho con mi amigo. He salido en su defensa porque considero que han tenido una actitud muy chihíta con Javier [Bardem] y con Penélope [Cruz]. Desde una perspectiva política, creo que no han querido entender su postura. Han intentado llevar las cosas a su terreno y todo basado en una falacia, que no tenía nada que ver con lo que dijeron Javier y Penélope: su postura era bien fácil de entender, pero en los tiempos que corren todo se tergiversa y se utiliza.
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¿Llevas bien la fama o a la gallega?
(Risas) Yo la fama no la llevo bien. Es una parte de tu trabajo que viene, como decimos en Galicia, a mayores. Viene dada. A veces es muy pesada y otras es agradable: si hay cierta fama es que has tenido repercusión en el público. Pero bueno, las formas a veces no son las ideales: hay gente muy educada y otros que no lo son tanto.
Has hablado antes de obsesiones, ¿cuál es la obsesión de Luis Tosar?
Ahora no tengo muchas obsesiones. Uno se hace mayor (risas).
¿Puedes decir que han cambiado tus prioridades vitales?
Sí, de un modo inconsciente van cambiando las prioridades de uno se van colocando en otro lugar, o van virando hacia otro sitio. Pero no es que en mi vida haya habido un cambio, en absoluto... sigo igual que hace años.
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¿Entonces en qué notas que han cambiado?
En la actitud ante las cosas. Estoy más relajado. Antes el mundo de la promo me ponía más nervioso, más tenso. He aprendido a gestionarlo: esto es una fase, pasa, las consecuencias son parecidas estés tenso o no… Supongo que ahora lo llevo todo de una manera más inteligente, más pragmática. Y tampoco te dejas influenciar por las promos gordas. En este caso de El Niño, que tiene una promoción grande, creo que además la peli se defiende sola, así que no hay problema. Luego las películas están solas en la sala y lo que diga la peli es o que manda. Y el público para eso no es nada piadoso.
¿Estás cómodo con el papel de bueno o prefieres ser el malo? ¿Rascas más de ti con el lado oscuro?
Con los malos vas a territorios que son más ajenos a ti. En general, son personajes normalmente muy bien conflictuados. Lo que pasa es que hay buenos que tienen un conflicto irresoluble muy interesante.
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Es el caso de tu personaje de El Niño, ¿no? El polícía que persigue a Jesús Castro...
Sí, en un bueno con conflicto trabajas sobre cosas que son más sutiles, más pequeñitas… pero también más delicadas. Hacer papeles como el de Jesús, el policía, me parecen más complicados y por eso producen mucho placer cuando estás contento con el resultado final. En otros papeles de malo tienes muchas apoyaturas, muchos asideros, un cierto exceso que te ayuda como actor. Todo lo que sea más gordo te es más fácil agarrarlo. Es más difícil montarte las contradicciones con pocas cosas, mandar pequeñas píldoras al espectador sobre de qué va la vida de un tipo así, en qué puede estar pensando, en qué aguas está nadando intentando no ahogarse… si eso ocurre y eres capaz de hacerlo llegar al espectador, pues te quedas muy satisfecho.
¿Qué ha sido lo más difícil de la película? ¿Quizá las escenas de acción?
La acción ha sido más complicada para el equipo que para los actores. Soy muy partidario de que haya cosas que hacer. Una cosas es la acción y otra la actividad, lo que andas pergeñando por ahí mientras se produce lo que se tiene que producir. Ya sea una escena de acción o esta charla entre tú y yo, en la que estamos sentados los dos, separados por una mesa: yo puedo coger la taza o mirar al techo o hacer muchas cosas (actividad), mientras ocurre lo que tiene que ocurrir (nuestra entrevista). La acción siempre ayuda.
¿Y entre esas cosas está aprender a pilotar un helicóptero?
(Risas) ¡No! Si estuviésemos en Estados Unidos quizá sí, pero aquí no. Hubiera estado muy ben, pero es muy difícil. Es más sencillo hacer volar un aeroplano. En un helicóptero tienes que hacer cuatro cosas a la vez, disociando.
¡Entonces sí que sabes de pilotarlos!
Tengo nociones básicas. Es tan complicado como tocar la batería y nosotros los chicos lo de disociar, lo de hacer varias cosas a la vez, no lo llevamos muy bien. Me extraña que no haya más chicas a los mandos.
También tienes muchas escenas corriendo, ¿haces footing?
Que va, el cine es muy mentiroso. Hago ejercicio, pero no corro. De hecho, lo odio. Me aburro.
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¿Cómo ha ido con Jesús Castro?
Muy bien, hemos tenido muy buen rollo. En ningún momento parecía que estuviese haciendo su primera película. Es un tipo muy especial, tiene un carisma muy notorio y muy astuto. Quizá esa cosa de ser de un pueblo pequeño: esa retranca de decir ‘vale, si no lo sé no voy a contestar y luego ya veré’.
Es de eso tipos de los que ya no hay tanto, no estamos muy acostumbrados. Lo hemos visto en el cine más clásico con Paul Newman o Steve McQueen. Gente muy especial que los pones delante de una cámara y la llenan.
¿Qué dos actores de Hollywood te inspiran?
Muchos, el propio Paul Newman por ejemplo: siempre tiene algo interesante, algún momento mágico. También me encanta De Niro, los detalles sutiles que mete, da igual lo que haga. Aunque sea una película horrible, a mi no me cansa. Me siento delante de la pantalla y me engancha.
¿Te te queda algo por hacer? ¿Te apetece algún reto concreto, tienes algún capricho?
Nunca me ha pasado eso. No lo pienso de antemano. Voy cogiendo lo que va viniendo. Tengo tendencia al aburrimiento, si no cambio pronto enseguida me agobio: por eso soy actor, me permite estar en continua renovación. Nunca tengo una idea que me dure mucho tiempo. Nunca pensé por adelantado 'quiero hacer tal o cual personaje', lo que sí pasa es que de pronto aparece y me digo 'quiero hacer eso'.
Ahora estás grabando en Galicia…
‘El desconocido’, una peli muy heavy. Tiene un planteamiento muy bestia: un tipo, un director de sucursal de banca, que se sienta con sus hijos en el coche para llevarlos al coche y entonces recibe la llamada de alguien que le dice que tiene una bomba. A partir de ahí, mucha tensión emocional… Lo estamos pasando muy bien. Pero bueno, ahora estamos con El Niño, hay que disfrutar también del trabajo bien hecho.
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