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Mírame a los ojos

Estas caras esconden un secreto. Por más papeles que interpreten nunca podrán ocultar ese “misterio” a través del cual se transparenta lo que son. Cada línea es un mensaje. A ti te pasa lo mismo: el óvalo, la separación entre tus ojos, la comisura de tus labios, el ancho de la frente o tus cejas… todo habla de ti. De tus miedos, tus anhelos, de tu inseguridad o tu orgullo. Recuerda que los expertos en perfiles criminales del FBI estudian un rostro para conocer los sentimientos que bullen en el cerebro del presunto delincuente.
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Recuerdo la interesantísima charla que mantuve hace unos meses con el científico catalán Aleix Martínez que trabaja en la Universidad de Ohio y forma parte del equipo que ha desdoblado las seis emociones básicas –alegría, miedo, orgullo, rabia, amor y tristeza- en veintiuna, plasmadas en expresiones faciales más complejas. Él me ayudó a reflexionar en algo: no siempre que me siento triste lo estoy de forma absoluta, a veces se cuela otra emoción y al mezclarse estaría “tristemente enfadada”. O “felizmente disgustada”. Esta nueva catalogación es un avance brutal para los “profilers” que identifican a los delincuentes con el simple fruncir de una ceja.
Arancha Merino, nuestra ingeniera de las emociones (www.vivirconemociones.blogspot.com), no bucea en el oscuro mundo del delito sino en ese otro apasionante de saber cómo somos de verdad. Y todo está escrito, no solo en nuestra cara, también en el fenotipo corporal: cómo andamos, arrastramos los pies, colocamos nuestra espalda o agitamos las manos. Al modo en que nos deslizamos por la vida lo gobierna nuestra emoción principal y en función a ella Arancha diagnostica una tipología de personalidad. Revelador, constructor, legislador…
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A veces me recuerda a una pitonisa sin cartas ni bola de cristal, a una astróloga que no precisa de tu fecha de nacimiento para decirte qué vas a hacer en los siguientes meses; solo tiene que observarte un rato y ¡zas!... suelta ese diagnostico que te deja campaneando. Da un poco de reparo encajar en unos rasgos de tipología cuando estamos llenos de matices, pero la escuchas y da en el clavo de tal manera que te deja sin palabras. Si tuviéramos su destreza, su preparación en esta rama de la psicología emocional, contaríamos con armas para que las relaciones personales no fuesen un secreto. Al final quedar con ella, y preguntarle ¿yo que soy? es tan adictivo como acudir al oráculo de nuestra propia alma, y explicaría que haya tipologías con las que nos sentimos agua y aceite y otras en las fluye la comunicación desde el principio. Las tipologías explican la opacidad de nuestra personalidad, esos puntos que nos cuesta desentrañar y nunca terminamos de entender. ¿Por qué me cuesta tanto tomar una decisión? ¿De dónde viene mi miedo al abandono? ¿Cuál será el motivo por el cual no me comprometo nunca?
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Si aceptas el reto de conocerte mejor te sugiero echar un vistazo a nuestro video y si te despertamos las ganas, anímate con uno de los libros de Arancha: “Descubre tu verdadera personalidad”, un ejercicio práctico de autoanálisis emocional útil no solo para ti, sino para entender a quienes te rodean.  
Confieso que con Arancha, yo siempre estoy felizmente sorprendida.