Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

No estás sol@

teresaviejoaperturadivinity.es
Hoy me he cruzado con ella y me he dado cuenta de que llevaba tiempo sin mirarla. Nos sucede a veces con personas de nuestra rutina que se convierten en parte del paisaje. No sé qué raro instinto me ha llevado a girarme y, al observarla alejándose, he notado que no coordinaba sus pasos. A continuación me he interesado por ella en la tienda donde acabábamos de coincidir, por esa vecina que siempre saluda amable pero de la que pocos saben algo más. "Está enferma". 
Mentiría si dijese que mi curiosidad se frenó ahí porque me habría gustado saber qué mal la aquejaba, su pronóstico, sin embargo seguí con mi compra en silencio. Cuando el tendero me extendió la bolsa, la sostuvo unos segundos antes de hablar: "De soledad –me ha parecido que le costaba confesarlo–. La está matando, ahora son las piernas y el corazón. Mañana el hígado y al otro... Hasta que se le pare todo". El hombre ha soltado la bolsa según le caía encima un adoquín de tristeza y ha continuado atendiendo mientras yo abandonaba la tienda.

Después he desembarcado en casa y, tras pelearme con mil adornos de Navidad, sus pies han vuelto a trastabillar en mi cabeza. Me había olvidado de mi vecina, pero he sospechado que ella seguiría en algún rincón de su casa, solitaria, esperando un teléfono que no sonaba, una llamada a su puerta, una propuesta para ir a merendar… Qué sé yo, un salvavidas en mitad de la tormenta.

teresaviejo1

Ante la soledad reaccionamos pasando de largo. Sin embargo se atrinchera cerca. Habita la piel de nuestros compañeros de trabajo, del taxista, de quien nos atiende con una sonrisa según elegimos los regalos, para transformarla en una mueca desoladora al final de la jornada cuando se adentra en su apartamento, convertido en un erial. Hay mucha gente sola. Créeme. Quizá tú lo seas. O puede que te sientas así de vez en cuando por más voces que te rodeen. La soledad enferma. Marchita. Es un mal peligroso que las autoridades médicas no saben cómo atajar. Si entras en google verás cientos de noticias tituladas "La enfermedad del siglo XXI" para referirse a ese vacío que suma pérdidas sin modo humano de llenarlo. Y llama la atención que no solo altere el sistema emocional o el equilibrio mental, sino nuestra biología.

Hace poco supe de un estudio realizado entre la Universidad de Chicago y la de California, donde se explicaba cómo los leucocitos –células de nuestro sistema inmunológico– decrecían en los individuos solos convirtiéndolos en vulnerables. Mi vecina.

teresaviejo2

A diario observo hombres y mujeres solos –triunfadores, bellos, cultos– cuyas vidas parecen líneas paralelas condenadas a no encontrarse. Deseando amar y compartir pero deslizándose por la vida como marcianos y venusinas en planeta ajeno. Quisiera poder juntarlos. No sabes cuánto. Tener la llave de esa puerta que permite el paso de un espacio oscuro a otro luminoso. Encontrar la frase acertada para asegurar a quien fuese que no hay nadie solo, sino personas incapacitadas para ver la riqueza de lo que les rodea, que lo que hoy contemplamos imposible, mañana resultará fácil y mágico.

De momento pienso en ellos y en ellas, cuando media España se afana en preparar la Navidad y la otra media despotrica de los políticos antes de votar. A lo mejor reflexionar en quienes su compañía es la soledad sea un modo de estar cerca de ellos. Ahora enciendo el árbol, lo contemplo y me digo que mi casa no parece el mejor sitio para pasar la tarde. Mejor llevo a merendar a mi vecina.

teresaviejo3