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"Marina, ¿a qué viene medio descubrir quiénes son las madres de los hijos ilegítimos de Cela?"

La elegancia de la victoria
Querida Marina,
Decir que esto se veía ya venir, sería caer en una obviedad. Bien que lo advertiste en tu momento. Quizá con la idea de que el refranero español siempre acierta y podías expiar tu culpa con eso de que el
que avisa no es traidor… a mí no me queda en tu caso nada claro. Comentaste que ibas a escribir un libro en el que saldarías deudas con todos los que os habían hecho tanto daño a Cela y a ti. En fin, cuando lo leí pensé que era un error, pero allá cada cual. Ahora podemos leer un extracto en Telva y saber que una de las cosas que desvelas en tu escrito es la cantidad de amantes que tuvo tu ex marido cuando estaba casado con su primera mujer.
Yo siempre he dicho que no hay nada peor que una mujer malcasada que, después de años de matrimonio claramente infeliz, arremete con rabia contra la mujer que elige su esposo para emprender una buena vida. Probablemente ella te lo hizo pasar mal, quiso vengarse desprestigiándote, arruinando al escritor… mal, muy mal. Pero en la guerra hay que ser generoso. Y cuando una tiene las de ganar, cuando la chica de la que el ya anciano dice a su esposa de toda la vida que, según cuentas que fue, “se ha enamorado como un chiquillo”, no ahondes en la herida, ¿para qué? La elegancia no es solo un bolso de chanel o un pañuelo de hermés. La elegancia está en saber ganar y tu ganaste.
Bailaste el vals con él el día que le dieron el Nobel, fuiste feliz con un hombre del que no dudo que estuvieras enamorada, has sabido luchar por su legado, has conseguido una posición que te ha beneficiado… pues ahora ¿a qué viene medio descubrir quiénes son las madres de los hijos ilegítimos de Cela? Insinuar, por decirlo finamente, que tu antecesora en el puesto de compañera del escritor ha aceptado esa poligamia no está bonito. Otra cuestión, que seguro que aclaras en el libro, es si a Cela le hubiera gustado que lo contaras. A cualquier hombre le habría molestado, pero probablemente, él, como buen hombre latino, ibérico, eso de ser tan fértil tan Don Juan, pues le gustaría que lo supiera la gente.
Querida Marina. Qué bonito hubiera sido que escribieras un libro contando, si quieres, las presuntas traiciones económicas, pero quedando como una señora, generosa en tu victoria como mujer. Pero la tentación de la venganza es muy golosa… y, hombre, ¿para qué engañarnos? Esto tiene mucho más morbo. Y el otro no me lo hubiera comprado y este seguramente si.