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La de Charlene y la de Kate Moss, dos bodas del año en un mismo fin de semana

Un look nostálgico contra otro más austero
Este fin de semana ha habido dos grandes eventos nupciales en Europa. Uno en Southrop (Reino Unido) y otro en Mónaco, que han ido distribuyendo a las celebrities internacionales hacia uno u otro destino. Bueno, menos a Naomi Campbell, que ha hecho doblete. Porque ella sí que no se pierde una fiesta.
El viernes, Kate Moss, la niña rebelde de la moda, contrajo matrimonio con el músico Jamie Hince. Y lo hizo en un traje diseñado por Galliano (el primero que le dio la oportunidad de subirse a una pasarela y alguien que, como ella misma, ha pasado por duros momentos) y con un velo que le preparó una de sus grandes amigas, Stella McCartney. ¿El resultado? Un look totalmente nostálgico, de épocas pasadas pero con un twist absolutamente moderno, por las transparencias, y rotundamente sexy. Pocas joyas, pero bien ubicadas. Y nada de maquillaje.
El sábado fue el turno de Charlene Wittstock, la sirena de Mónaco. El encargado de ponerla guapa fue Giorgio Armani, y la idea era huir completamente del look de Grace Kelly. Huir de las comparativas. Lo consiguió con un escote en barco que disimulaba su espalda y un vestido largo y bien ajustado, potenciando su cuerpo esbelto. Los 10 metros de cola fueron el detalle más femenino de un look basado en la austeridad. Sin joya alguna (salvo el detalle del recogido), y un maquillaje de lo más discreto.
¿Y ellos? Mientras Jamie Hince ejercía de rockero sin complejos (un traje YSL en azulón y unas RayBan maravillosas hacían más que el apaño), Alberto de Mónaco parecía querer eclipsar a su esposa con un traje avainillado, el de la Guardia Real monegasca, que sólo lograba darle un rictus más oficial a una ceremonia con pocos momentos distendidos.
En cuestión de ramos también Kate (en la foto de la derecha) se mostró más relajada, más de andar por casa, con hasta una rosa de color rosa coronando el centro (parece absolutamente improvisado). Mientras tanto Charlene optó por una versión más oficial. Es lo que tienen las bodas reales, ¿verdad?