ENTREVISTA | Nacho Montes: "Ese destino marcado entre mi marido y yo me ha seguido llenando de amor tras su muerte"

En 'Flores bajo la nieve', Nacho Montes relata la historia de su vida, los acontecimientos importantes que le han hecho ser el hombre que es hoy en día
La novela está marcada por su infancia en la Sierra de Madrid, la muerte de su madre, la de su marido Justin y el apoyo de su exmujer, a la que en la actualidad considera su familia
A pesar de que se lo habían propuesto en distintas ocasiones, Nacho Montes aceptó ("tras una decisión madurada en el tiempo") escribir una novela en la que narra, con todo detalle, la historia de su vida. El niño que creció en la Sierra de Madrid, que disfrutó de las vacaciones en Panticosa con las enseñanzas de su abuelo y que estuvo siempre cerca de su familia, fue evolucionando - con la compañía de los libros y de la comunicación - hasta terminar siendo el hombre que es hoy en día.
En las primeras páginas de 'Flores bajo la nieve', el escritor deja claro que cada uno de los pasajes e historias que aparecen en sus páginas son "reales, existen o existieron" y han formado parte de la historia de su vida en algún momento de los últimos 55 años. Sus abuelos, sus hermanos, sus padres o su tía Concha, que fue "una inmensa suerte" para él tenerla en su vida, forman parte de la "poderosa" familia que siempre le ha acompañado.
A lo largo de este viaje emocional que ha quedado plasmado en las páginas de su sexto libro, Nacho Montes recuerda la muerte de su madre a los 56 años y, una década después, la de su marido, su 'Vikingo', que falleció a los 33 años a causa de un cáncer. "La vida tiene momentos duros y delicados pero forman parte de nosotros, tanto como la felicidad. Con los años te das cuenta de que eso es vivir y aprendes a acomodar los dolores, por terribles que estos hayan sido en el pasado, junto a los momentos felices", confiesa en esta entrevista exclusiva para Divinity.

Relatas en tu libro, 'Flores bajo la nieve', el momento en el que te llamaron para proponerte escribirlo. ¿En algún momento te planteaste no hacerlo? Narras en él muchos momentos especialmente delicados y duros de tu vida, ¿te costó mucho tomar la decisión?
Fue una decisión madurada en el tiempo después de algunos años previos en los que me lo habían propuesto en distintas ocasiones. Pero cuando llegó de nuevo la llamada de mi editora la respuesta fue inmediata. Dije sí sin dudarlo y sabiendo a lo que me enfrentaba. La vida tiene momentos duros y delicados pero forman parte de nosotros, tanto como la felicidad. Con los años te das cuenta de que eso es vivir y aprendes a acomodar los dolores, por terribles que estos hayan sido en el pasado, junto a los momentos felices.
Dices que hay algunas cosas que ni tu familia, que te conoce bien, sabía. ¿Qué reacción han tenido al leer tu libro? ¿Te han dicho qué es lo que más les ha sorprendido?
Tengo suerte de pertenecer una familia tremendamente liberal y justa a pesar de lo conservador. Yo sabía que nada les iba a sorprender demasiado. Me conocen bien. Todos, mi padre, mis hermanos, mis sobrinos, mis tíos, me fueron llamando felicitándome y muy emocionados con lo que habían leído. Me sentí muy bien. Estoy feliz y orgulloso de todo lo que he vivido, de todo lo que he contado y de tener la familia que tengo. Nunca jamás me he sentido incomprendido en nada y eso, en un niño gay nacido en el franquismo, es una bendición infinita.
Reiteras que todo lo que narras es real, pero ¿has tenido que ficcionar algo para proteger a algunos de los personajes que aparecen en esta novela?
Solo el nombre de mi primer amor, un amigo de la sierra que está felizmente casado y con hijos en la actualidad. Pero solo el nombre, lo demás es tan real durante toda la novela como lo ha sido mi vida. Es novela, sí, pero solo en su formato. Toda la historia que narro es la de mi vida, me he dejado cosas por contar, no muchas, pero todo lo que está fue y es. Y todo forma parte de mí y conforma el hombre que soy hoy.
Uno de los personajes que, personalmente, me ha parecido que tenía un importante papel ha sido el de tu tía Concha. No solo por lo que narras que representa, también por la relación que tenía contigo y porque es la persona con la que te abres para contarle que te gustaban los hombres. ¿Sentiste una liberación entonces? ¿Fue más fácil para ti tenerla a ella?
Es un personaje maravilloso en esta novela porque fue un personaje maravilloso en mi vida. Qué inmensa fortuna es tener a personas talismanes que te facilitan la existencia cuando el mundo parece estar en contra de lo que eres y sientes. Fue una divina tabla de salvamento en esa edad, en esa época, en ese momento exacto de nuestra historia. Pero lo que refleja verdaderamente es la poderosa familia que tengo, preparada y cuerda para comprender y respetar las libertades por encima de todas las cosas.

De tu padre me emociona esa escena en el coche en la que ambos os rompéis, ¿qué papel ha tenido él a lo largo de tu vida y, especialmente, en los momentos más delicados?
Mi padre es el tipo más generoso y sabio que yo he conocido en mi vida y que conoceré. Es el auténtico pilar y referente en nuestra historia familiar, más aún desde que se fue mi madre. Y ese es su papel en la vida, ser el faro que guía sin importar la tempestad.
De tu exmujer, Virgina, con la que te casaste tras siete años de relación, hablas como uno de los grandes apoyos de tu vida no solo entonces, también a raíz de la muerte de Justin. ¿Fue fácil para ambos encontrar esa estabilidad, esa amistad en vuestra relación a pesar de vuestro divorcio?
Fue sencillo porque cuando hay amor de verdad detrás todo es fácil, incluso cuando las cosas duelen porque termina una etapa. Ella y su familia siguen siendo parte de la nuestra. Yo no sabría hablar de mi vida sin su presencia en ella.
De la etapa de los Agustinos, Moncho, Ramón Grosso, y el abuso que entonces se silenció, ¿ha marcado tu vida de alguna manera lo que pasó?
La historia de Ramón Grosso marcó una parte de mi infancia, sí, por el rechazo a todo eso que daña a otros a conciencia. Me hizo entender el valor del ser humano y también el de la inmundicia de algunos de sus miembros, los que violentan, los que vejan y también los que callan. Y marcó, sin saberlo ni él ni yo, un destino que nos unió de nuevo en la madurez.
Hablas de toda tu vida, pero probablemente lo que más marque sea la enfermedad y muerte de tu madre y de tu marido. Aquella confesión de la nota que lees en tu regreso a la casa de Nueva York, ¿ha podido ser el mayor aprendizaje de tu vida? ¿Cómo realmente el destino estuvo marcado para vosotros años antes de conoceros?
La muerte de mi madre y la de Justin han marcado mi vida para siempre, sí. Ambas han sido dolor pero también aprendizaje y sanación. Y ese destino que estaba marcado entre mi marido y yo, ahora lo sé mejor que nunca, me ha seguido llenando de amor después de su muerte con cada jugarreta de su caprichoso azar.

Hablas de la relación que tuviste tiempo después, de aquella decepción y de cómo sentiste que nunca ibas a amar de la misma manera, ¿sigues pensando igual o crees que a futuro esa sensación podrá cambiar?
No hay futuro sin presente. Ahora vivo y estrujo el día a día, el presente por encima de todo. No creo que vuelva a amar a nadie como amé a mi marido, pero tampoco me importa. No hay puertas cerradas a nada, el destino me ha demostrado que de nada sirve cerrarlas. Así que lo que venga, si es que viene, tendrá otro tiempo y forma. Y sea como sea, nada cambiará lo que sigo sintiendo y sentiré por mi vikingo ni cuando me muera.
Dedicas un capítulo del libro a tu etapa en Supervivientes y a esos programas que te dejaron ser al otro lado de la televisión, ¿fue duro para ti convertirte en personaje en el momento más delicado de tu vida? ¿O fue una salvación?
Fue una catarsis absoluta de salvación y vida, con todas sus estrambóticas peculiaridades y estoy agradecido a esa etapa, aunque ahora esté en otra bien distinta y maravillosa.
Si dentro de unos años pudieses añadir más capítulos a esta novela, ¿qué te gustaría o qué sientes que te falta por hacer, tanto en lo personal como en lo profesional?
Esta novela termina como debía. No añadiría nada más. Lo que me depare el presente y el futuro no modificará nada de lo vivido. En todo caso sería otra novela, que las hay y las habrá, por empezar a escribir. Me quedan, espero, muchas cosas por hacer y por contar porque los escritores y los comunicadores, tengo la suerte de ser ambas cosas profesionalmente, no nos jubilamos nunca, ni cuando nos morimos. Así que, sí, me queda mucho por hacer.
