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El antes y después de María Jesús Montero: de su cambio físico al secreto detrás de su evolución estilística

María Jesús Montero
María Jesús Montero. Cordon Press
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María Jesús Montero nunca ha sido una política discreta en lo estético. Tampoco lo ha pretendido. La secretaria general del PSOE y candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía ha convertido su imagen en una extensión más de su personalidad política: intensa, expresiva y difícil de encasillar. A lo largo de los años, su evolución estilística ha sido evidente, pasando de una estética mucho más convencional y sobria en sus primeros años en la política andaluza a una imagen mucho más reconocible, marcada por el color, los estampados y una puesta en escena muy personal.

Su cambio físico ha sido progresivo y nunca ha estado rodeado del hermetismo habitual que acompaña a otras figuras públicas. Pues la política sevillana ha ido refinando su imagen con el paso de los años, apostando por un maquillaje más trabajado, una melena larga y muy cuidada que se ha convertido en una de sus señas de identidad, y estilismos mucho más estudiados que en sus primeras etapas institucionales.

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Sin embargo, más allá de la evidente transformación estética, lo que realmente diferencia a Montero dentro del panorama político español es su manera de vestir. Mientras muchas dirigentes optan por la neutralidad como fórmula de autoridad, ella parece haber seguido el camino contrario. Es decir, hacer del exceso controlado una marca personal. Chaquetas estampadas, kimonos, pendientes XL, colores potentes y maquillajes intensos forman parte de una identidad visual reconocible al instante.

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El rojo es uno de sus colores favoritos

La opinión de una experta

La periodista y consultora de moda Paloma Herce considera que precisamente ahí reside la clave de su estilo. “Podríamos decir que María Jesús Montero es de las políticas con más personalidad a la hora de vestir. Suele arriesgar con colores vibrantes, siendo el rojo uno de sus tonos predilectos. No sé si es un guiño a su lugar de origen, pero por norma general no tiene límites a la hora de vestir”, explica. “Eso creo que está bien, porque al final tiene un estilo que le caracteriza mucho”.

Y es que Montero parece sentirse especialmente cómoda alejándose de los códigos tradicionales de la política institucional. Frente al traje oscuro o los estilismos minimalistas que dominan muchos parlamentos, ella apuesta por prendas con presencia visual. “Todo lo que sean colores llamativos, piezas con personalidad como kimonos o chaquetas estampadas no le tiene miedo”, añade Paloma.

Ese sello tan personal ha provocado tanto elogios como críticas. Para algunos expertos en comunicación política, su imagen transmite cercanía y autenticidad; para otros, ciertos excesos visuales pueden distraer del mensaje político. Herce comparte parcialmente esa visión y considera que existe margen para pulir algunos aspectos de su imagen pública. “Bajo mi punto de vista debería pulir un poquito su look, básicamente porque al final, sobre todo a las mujeres, la ropa habla y muchas veces cuando cargamos un estilismo con mucho colorido, estampados y joyas llamativas, algunas veces se puede devaluar un poco el mensaje”.

El armario de la política no se caracteriza por su discreción

La consultora también apunta a que el maquillaje es uno de los elementos donde podría apostar por una imagen más depurada en el día a día. “Me parece fenomenal que apueste por esa melena característica suya y que la potencie, pero por ejemplo, en cuestiones de maquillaje, creo que estaría bien, especialmente en looks de diario, rebajar un poco lo que es la intensidad. Quitaría los tonos fríos en los labios para el día a día y también los ojos demasiado ahumados”.

Montero no tiene miedo de arriesgar, estilísticamente hablando

Aun así, Herce reconoce que algunos de sus estilismos han sido especialmente acertados, sobre todo cuando encuentra el equilibrio entre personalidad y sobriedad. “Hay looks que me gustan cuando opta por conjuntos un poco más sobrios. Por ejemplo, tiene un vestido de Zara de inspiración oriental que me gustó mucho, en otras ocasiones ha usado un kimono que lo lleva con elegancia”.

Precisamente esa dualidad entre sofisticación y exceso es lo que hace que Montero nunca pase desapercibida. “Creo que es una mujer que se viste en función de cómo se levante ese día. Nunca deja indiferente y eso es algo de lo que ella es plenamente consciente. Bajo mi punto de vista ella podría seguir utilizando piezas con personalidad pero equilibrándolo un poco más con líneas más limpias, prendas más neutras y con detalles un poquito más sobrios”, señala la experta.

No cabe duda de que, lejos de esconder su personalidad detrás de un uniforme institucional, ha decidido convertir su imagen en parte de su discurso. Y eso, en política, no siempre es tan habitual.