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La infancia de Bad Bunny en Puerto Rico: en un barrio humilde y con un solo par de zapatos

Fotomontaje con Bad Bunny en la Super Bowl y, a la izquierda, de pequeño, con el disfraz de conejo del que sacó su nombre artístico
Fotomontaje con Bad Bunny en la Super Bowl y, a la izquierda, de pequeño, con el disfraz de conejo del que sacó su nombre artístico. Instagram/@badbunnypr y Cordon Press
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La historia de Bad Bunny es una de esas historias muy potentes en términos de épica. Con un patrimonio estimado de unos 60 millones de dólares, como recogía la revista ‘Forbes’ el pasado otoño, Benito ingresa entre 750.000 y 1,3 millones de dólares por concierto, según datos publicados en ‘La Razón’. Y decíamos que su historia es épica porque el fenómeno mundial en el que se ha convertido Bad Bunny a sus 32 años de edad quizá nunca pudo imaginarlo en su infancia. Una infancia marcada por la creatividad y el amor de su familia, pero también por la escasez económica.

Un papá camionero y una mamá profesora

Bad Bunny de niño
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Puerto Rico es un estado asociado de Estados Unidos. De por sí, allí la tasa de pobreza es significativamente mayor: si la media de familias que viven por debajo del umbral de la pobreza en EE UU es de en torno a un 15%, en Puerto Rico alcanzan casi el 40%. Pues bien, Benito Antonio Martínez Ocasio se crio en uno de los barrios más pobres del estado: Almirante Sur, en Vega Baja. 

El padre de Bad Bunny, Benito (pero más conocido como Tito), era camionero. Su madre, Lysaurie, era profesora de inglés. Mientras que ella le inculcó el amor por la música y era la más estricta con sus calificaciones académicas, de Tito aprendió, sobre todo, el concepto de generosidad, que sigue cultivando entre otras cosas gracias a su fundación, Good Bunny.

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Tenía un solo par de zapatos

En una entrevista que recoge el canal de YouTube Flint, especializado en la cobertura de eventos musicales, Benito cuenta una anécdota de su infancia: “Yo vi cómo mi papá siempre estaba aportando en el barrio sin tener mucho. […] Y a veces yo, cuando niño, no lo comprendía. […] Yo tenía dos pares de zapatos, y mi ‘pai’ le daba [un par]: ‘Mira, que a aquel muchacho le hacen falta’, y yo: ‘¡Pero papi, esos son los míos!’. Y no entendía esas cosas, y ahora de grande lo veo de otra manera”. 

Bad Bunny de pequeño

Aquella forma de ser de Tito se ha convertido en un gran aprendizaje para su hijo: “Esa generosidad”, continúa, “esa manera de querer ayudar, no es solo cuando tú tienes: es algo que nace del corazón. Yo en esta posición no es solo un par de zapatos: es mucho más lo que puedo aportar a la comunidad”. 

Ir al centro comercial, una experiencia poco frecuente

En una entrevista concedida a ‘Allure’, una revista especializada en moda y tendencias, en 2021, el cantante de ‘NUEVAYoL’ explicaba que “ir al centro comercial era una ocasión especial”, subrayando de nuevo sus orígenes humildes. Eso sí, cuando iba, disfrutaba en la sección de mujeres “mirando conjuntos, colores, cortes, diseños. Y luego, cuando era mi turno de comprar ropa era un aburrimiento. […] ¡Las mujeres lo tienen todo!”, se quejaba. 

Es evidente que a Bad Bunny le encanta la moda y que rompe a menudo con los estereotipos de género: lo hemos visto con vestidos, bolsos 'shopper' o hasta tiaras. Pero, bajo ese cantante que exprime al máximo su momento de éxito, late aquel pequeño Benito que pasó su infancia jugando con gallos, cabalgando o nadando en el río, que adora a su país, al que siempre regresa, y que no renuncia a sus orígenes.