Solo uno de cada cuatro médicos está formado para tratar la menopausia: los problemas del abandono en esta etapa de la mujer
Solo el 20% de profesionales sanitarios decía sentirse preparado para tratar la menopausia en un estudio de 2013, pero hoy la situación solo ha mejorado ligeramente
Hablamos con varios médicos, que nos explican las consecuencias: diagnósticos tardíos y una brecha que afecta a la salud y bienestar de las mujeres
Llegas a consulta y le cuentas a tu médico que no puedes dormir, que tus sofocos nocturnos son un incendio invisible que te impide dormir, que la sequedad vaginal ha convertido el sexo en dolor y que las articulaciones te duelen tanto que levantarte del sofá es una pequeña batalla diaria. Y la respuesta del médico te deja sin palabras: ‘Es lo normal a tu edad’. Lo cierto es que ni normal, ni debería serlo en el sentido de resignación con el que se pronuncia. Son síntomas tratables. Señales de una etapa fisiológica que puede, y debe, abordarse con conocimiento, acompañamiento y herramientas. Lo que ocurre, muchas veces, es que quien tienes delante no sabe muy bien cómo hacerlo.
Solo el 20% de los profesionales sanitarios se siente preparado para tratar la menopausia, según un estudio de 2013 de Johns Hopkins Medicine publicado por AARP, la mayor ONG de Estados Unidos dedicada a mejorar la calidad de vida de personas mayores de 50 años. Tras más de diez años, el doctor Pluvio Coronado, presidente de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) señala que “estamos ligeramente mejor, pero solo ligeramente. Ahora hay más interés, más visibilidad, pero la formación sigue siendo claramente insuficiente. La menopausia sigue infratratada e invisibilizada”.
Un problema estructural
“Es un problema estructural”, explica Cristina Martínez, cofundadora y coCEO de DOMMA, una gama de nutracéuticos para combatir los síntomas el climaterio, que recuerda que “la menopausia ha estado prácticamente ausente de los planes de estudio de medicina”. Su socia, Mireia Roca, añade: “Sin investigación no hay protocolos, sin estos no hay formación, y sin formación no hay profesionales preparados. Es un círculo que llevamos décadas arrastrando”.
El doctor Coronado coincide en el diagnóstico: “En la universidad apenas se dedica tiempo a la menopausia. En muchos casos, ni siquiera una hora. Y durante la residencia, la formación es escasa porque ya no existen consultas específicas de menopausia como antes”.
El resultado es un vacío formativo que se arrastra hasta la práctica clínica. “Cualquier médico va a ver mujeres en menopausia, porque es una etapa que afecta a la mitad de la población, pero no todos saben manejarla”, advierte.
Cuando el médico no entiende lo que te pasa
Ir al médico con síntomas de menopausia no siempre garantiza respuestas. Belén Gómez, ginecóloga del Hospital Infanta Leonor y colaboradora de Chilly, lo ve a diario. “Muchas pacientes no reciben tratamiento o estos llegan tarde porque los síntomas no se identifican correctamente”, indica. Puede ocurrir que en consulta no te pregunten por síntomas si estás en edad menopáusica. O que se minimicen señales como ansiedad, fatiga o problemas de memoria. Para Gómez la falta de preparación de los profesionales sanitarios para abordar la menopausia responde a un problema “claramente multifactorial”, aunque señala a la base del sistema, ya que “predomina la deficiencia en la formación universitaria y durante la residencia”.
Ansiedad, fatiga, problemas de memoria o insomnio se tratan a menudo como trastornos independientes, sin relacionarlos con el cambio hormonal. El abordaje se fragmenta, y con él, también la solución. A esto se suma otro problema: la falta de iniciativa en consulta. “Si el profesional no pregunta de forma proactiva, es muy probable que no se esté ofreciendo una atención adecuada”, insiste Gómez. Y recuerda que “el ginecólogo es el principal profesional formado para este proceso pero, en la realidad, son los médicos de atención primaria o las matronas las que, en la mayoría de los casos, atienden las demandas de estas pacientes”.
Consecuencias de no recibir atención adecuada
Las consecuencias de esta falta son múltiples y pueden causar graves trastornos en la vida de las mujeres. El síndrome genitourinario, que incluye sequedad vaginal, dolor en las relaciones sexuales, síntomas urinarios, afecta hasta al 50% de las mujeres y empeora con el tiempo si no se trata. Los sofocos, el insomnio o la ansiedad pueden cronificarse y deteriorar la calidad de vida.
Sin un abordaje adecuado, aumentan los riesgos de osteoporosis, enfermedad cardiovascular o deterioro cognitivo. La Dra Gómez alerta que “solo el 25% de las mujeres con síntomas vasomotores busca ayuda, y muchas son informadas de que los síntomas son ‘normales e inevitables’, y no se les ofrece un tratamiento adecuado, de los múltiples que existen actualmente en España para tal fin”. Coronado añade que “aunque más del 80% de las mujeres tiene síntomas relacionados con la menopausia, solo alrededor del 15% recibe tratamiento”.
Montse Roura, emprendedora española pionera en visibilizar y naturalizar la menopausia, fundadora de la plataforma y revista digital Ella y el Abanico, y del Fórum Mujer y Menopausia, lo resume desde su experiencia: “Durante años, muchas mujeres han recibido antidepresivos cuando lo que tenían era un cambio hormonal”. El problema no es solo clínico, es también cultural. Durante décadas, el climaterio se ha considerado un proceso natural que había que aguantar. Pero que sea natural no significa que sea inocuo.
Más allá de los sofocos
Durante años, la menopausia se ha simplificado hasta el extremo. Pero no es solo una cuestión de sofocos.. “Es una transición que impacta en lo cardiovascular, lo cognitivo, lo metabólico y lo emocional”, explica Cristina Martínez. La llamada niebla mental, los cambios de ánimo o la fatiga forman parte de una segunda capa de síntomas mucho menos visibles, pero igual de incapacitantes.
Montse Roura destaca que “durante años, muchas mujeres han recibido antidepresivos cuando lo que tenían era un cambio hormonal”. El problema no es solo médico, es también cultural. Se ha normalizado el malestar. Además, Martínez subraya que sin tratamiento adecuado aumentan riesgos como la osteoporosis o la enfermedad cardiovascular. Por eso, reclama atención más proactiva, basada en la escucha, la información y decisiones terapéuticas consensuadas con la paciente.
La doctora Marta Sánchez-Dehesa, la Jefe del equipo de Ginecología y Obstetricia del HM IMI Toledo y directora de la Unidad de Reproducción del HM Fertility Center de Toledo, advierte: “No tratarla supone perder una ventana clave de prevención”.
Desigualdad ecónomica y sesgo de género
El vacío en la atención a la menopausia no es casual, responde a décadas de sesgos en la investigación médica. “Históricamente, la salud de la mujer ha estado infrarrepresentada, muchos estudios se han hecho en hombres y se han extrapolado”, apunta Gómez. A esto se suma una desigualdad económica evidente. Muchos tratamientos, desde hidratantes vaginales, a terapias de vanguardia, no están cubiertos por la sanidad pública. “El acceso depende del bolsillo, y crea una brecha en salud”, señala Mireia Roca. Montse Roura subraya que “no todas las mujeres atraviesan la menopausia en igualdad de condiciones”.
Esta limitación genera un impacto directo en la calidad de vida de las pacientes, sobre todo en aquellas con menos recursos. Además, Gómez subraya que todavía existe un déficit en la actitud clínica, “si el profesional no pregunta de forma proactiva por los síntomas o los minimiza como algo ‘normal’, es probable que no se esté ofreciendo una atención adecuada”.
Coronado añade otro matiz, “no todo lo que se comercializa para la menopausia es realmente eficaz. Hay que diferenciar entre lo que funciona y lo que no, y evitar el llamado menowashing”. Pero incluso cuando hay tratamientos eficaces, no siempre están disponibles. “Tenemos que avanzar hacia una medicina personalizada, un traje a medida para cada mujer”, insiste el presidente de AEEM.
El reto de la menopausia
La Dra. Marta Sánchez-Dehesa destaca que uno de los grandes retos es trasladar el conocimiento a la práctica clínica diaria. “Hablamos de la necesidad de formación continuada y modelos asistenciales bien definidos”, precisa. En su opinión, persiste una inercia clínica marcada por interpretaciones antiguas que han generado una visión excesivamente restrictiva de ciertas terapias, especialmente hormonales.
La Dra. Gómez insiste en la importancia de una consulta basada en la empatía y la evidencia científica, donde la paciente reciba información clara sobre todas las opciones disponibles y participe en la decisión terapéutica. Muchas ni siquiera buscan ayuda, en parte por la normalización histórica del malestar que acaban asumiendo ellas mismas. El reto es mejorar la formación médica, pero también fomentar una mayor conciencia social para que las mujeres identifiquen los síntomas y reclamen atención de calidad.
En cuanto a los tratamientos, “el reto no es enfrentar la medicina convencional con terapias complementarias, sino indicar lo que funciona a cada paciente”, dice Gómez. Y recalca que aún existe un sesgo que banaliza esta etapa que “durante años se ha considerado algo natural que no requería tratamiento, cuando en realidad necesita un abordaje riguroso, personalizado y basado en la evidencia”. “La mujer debe conocer mejor el proceso que está viviendo y el profesional tiene la obligación de ayudarla”, recalca Coronado.
Tratamientos: innovación y falta de accesibilidad
Paradójicamente, nunca ha habido tantas opciones terapéuticas como ahora. El problema es que no siempre llegan a las pacientes. “La clave es la medicina personalizada. No hay un único tratamiento, hay que adaptar cada caso”, explica Sánchez-Dehesa. Sin embargo, muchos de estos avances no están cubiertos por el sistema público, lo que limita su acceso.
La terapia hormonal sustitutiva ha evolucionado y hoy se considera más segura y adaptada a cada paciente, mientras que alternativas no hormonales como los antagonistas de neuroquinina ofrecen una solución eficaz para los sofocos en mujeres que no pueden, o no desean, usar hormonas. A ello se suman terapias emergentes como el láser vaginal, orientado a regenerar tejidos, aún en estudio, y los neuromoduladores vaginales, que ayudan a aliviar el dolor en las relaciones sexuales.
También destacan los moduladores selectivos de los receptores estrogénicos, como el bazedoxifeno, que permiten obtener beneficios sin aumentar riesgos, y opciones específicas para la salud íntima como el ospemifeno y la prasterona, eficaces frente a la sequedad vaginal y el síndrome genitourinario. La pregunta que surge es, ¿te ha hablado tu médico de alguno de ellos?
Las expertas coinciden en los pilares para mejorar la situación. Que haya una formación obligatoria en menopausia y protocolos clínicos homogéneos. Promover la las unidades multidisciplinares, más investigación y mayor acceso a tratamientos. Para que no se quede fuera nadie, ni sufran más los efectos secundarios las que menos recursos económicos tengan. La menopausia no es una etapa menor ni un simple trámite biológico. Es un punto de inflexión en la salud de las mujeres.“Durante mucho tiempo, la menopausia se ha sufrido en silencio. Y ya no estamos para eso”, apunta el doctor Coronado.
Necesidad de cambio
Pese a todo, hay señales de cambio. “Ahora es el momento ideal”, apunta Coronado, “hay más interés, más conciencia, también desde las instituciones”. Desde la AEEM trabajan para impulsar formación, protocolos y políticas que mejoren el manejo de la menopausia en España. También se está avanzando en herramientas para las pacientes, como la App Mi Menopausia que permite evaluar la calidad de vida y detectar cuándo intervenir.
Las expertas coinciden en los pilares para mejorar la situación. Que haya una formación obligatoria en menopausia y protocolos clínicos homogéneos. Promover la las unidades multidisciplinares, más investigación y acceso a tratamientos. Para que no se quede fuera nadie, ni sufran más los efectos secundarios las que menos recursos económicos tengan.
“Las mujeres ya no están calladas”, dice Mireia Roca, coCEO de DOMMA, “y eso va a empujar al sistema”. La menopausia no es una etapa menor ni un simple trámite biológico. Es un punto de inflexión en la salud de las mujeres. Que haya profesionales que no se sientan preparados para abordarla evidencia un fallo del sistema, y revela una desigualdad histórica que aún no se ha corregido. La buena noticia es que el cambio ya ha empezado. La duda es si llegará a tiempo para todas.